Los invitados parte 2

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Pasaban de las ocho de la noche y la fiesta había transcurrido sin complicaciones, Ragyō estaba muy orgullosa de ello, e inclusive, un poco del trabajo excepcional que había hecho Satsuki.

–Debo de admitir –murmuró la mujer madura a su primogénita con un tono apenas audible, mientras saludaba a los últimos invitados que se unían a la festividad – que tuviste un desempeño admirable.

A su lado, Satsuki alzó levemente la vista hacia su madre y a pesar de los terribles planes que tenía en mente para ella esa noche y todo el rencor que le guardaba, no pudo evitar sonreírle levemente ante un cumplido que nunca había recibido de tal manera en su vida.

–Aunque definitivamente yo habría hecho algo mucho más elegante con las flores –agregó rápidamente Ragyō al captar la leve satisfacción de su hija.

Y así la burbuja de ilusión de Satsuki se reventó.

–Usted siempre tiene razón, okaasan –soltó la chica con monotonía, mientras saludaba con un leve sentir de su cabeza a un diplomático que acababa de llegar junto con su esposa.

Complacida con sus dotes maternales, Ragyō extendió la vista sobre la multitud que celebraban junto a ellas aquel evento del ego, cuando sus ojos captaron a otros dos invitados que efectuaban su aparición en la entrada.

Casi se le revuelve el estomago cuando pudo reconocer a su archi-enemiga y rival comercial Takarada Hina, seguida de cerca de su despreciable y poco agraciado hijo. La mujer de cabello rojizo iba vestida de manera exagerada como siempre, con un kimono que en lugar de ser de seda, era de un material reflejante como vinyl de un espantoso naranja chillón. De su cabello recogido y alto, colgaban un sin número de peinetas y adornos que caían en lo vulgar y sus sandalias eran tan altas que apenas podía desplazarse en ellas.

En cuanto a su hijo, estaba lo bastante decente para sus gustos extravagantes del día a día: vestía un esmoquin vino, con un pañuelo rosado en la solapa y el cabello relamido hasta atrás. Para alguien que solía usar muchas joyas, resultaba extraño que el joven pelirrojo solo hubiera optado para esa noche, usar solo un par de gemelos de diamantes.

–Satsuki, puedes explicarme que es esta horrible visión que tengo delante de mí –gruñó Ragyō en voz baja a su hija mientras que sus hermosos ojos no se despegaban de su acérrima rival y su vástago.

–Yo los invite –respondió sencillamente la muchacha al darse cuenta de quienes eran las personas que causaban tal disgusto a su madre.

–Querida, tu sentido del humor necesita un chequeo por un sicólogo, porque yo no le veo la gracia.

–No es chiste, okaasan, es más bien una estrategia comercial. Con todos los medios y reporteros aquí presentes será muy bueno para tu reputación, dar a entender que no guardas rencores con la competencia.

–¿Así? –soltó Ragyō con escepticismo.

–Sí. Imagina la publicidad que será demostrar lo segura que eres sobre tu propio éxito, que no te sientes intimidada por la presencia de Takarada Hina.

Ante tales palabras, Ragyō no pudo evitar sonreír. Realmente, Satsuki se estaba esforzando.

–Que sucios pensamiento, Satsuki –le dijo su madre con una sonrisa lasciva en sus labios –. Creo que estas en buen camino para convertirte en mi verdadera heredera.

La chica solo tuvo tiempo para sentir con la cabeza, antes de que la mujer con espantoso kimono se plantara, en compañía de su hijo, delante de su madre.

Ambas se alzaron tan altas eran, y se miraron a los ojos como si pudieran matar la una a la otra solo con la mirada.

–Hina –dijo Ragyō a secas.

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