– ¡Maldita perra hija de puta! –bramó Ryūko encolerizada. El dolor y cansancio que había sentido en su cuerpo hacía tan solo unos momentos, desapareció mágicamente. En un abrir y cerrar de ojos, tomó ambas katanas rojas que habían terminado en el suelo, y con ellas en mano, amenazó a Kiryūin Satsuki –. ¡¿Qué carajos has hecho?! ¡Y libera inmediatamente a Senketsu!
– ¿Senketsu? –soltó Gamagōri Ira sujetando al conejo negro y carmesí de las orejas. Lo acercó a su rostro mientras el animal peludo pataleaba por incomodidad –. ¿Qué clase de nombre es ese para un conejo? –agregó tocando ingenuamente la nariz de Senketsu con la punta de su dedo. Acto seguido, la mascota le demostró la razón de su nombre, mordiendo fuertemente en el dedo hasta hacerlo sangrar.
Gamagōri exclamó un alarido de dolor e inconscientemente sacudió su mano para liberarse del animal, sin tener resultados. Al final tuvo que arrancar de las pequeñas fauces del conejo, su miembro ensangrentado.
– ¡Ja ja ja ja! –estalló en risas Jakazure Nonon hasta llegar a las lagrimas –. ¡El sapo ha sido superado por un pequeño conejito! –continuó señalándolo descaradamente con el dedo.
–Esto es para el recuerdo –comentó a su vez Inumuta Hōka tomando una rápida foto con su celular de su compañero del consejo escolar.
– ¡Suficiente! –masculló Gamagōri enojado, apenado y sonrojado. De un rápido manotazo le arrebató el estuche de acero de Matoi a Inumuta y arrojó a Senketsu dentro. El objeto terminó estrepitosamente en el suelo con la mascota de Ryūko atrapada en su interior.
– ¡Maldito...! –fue lo único que pudo pronunciar Ryūko ante la rabia que sentía al presenciar el maltrato a su mascota. Su furia era tan intensa, que sus manos estrujaron las empañaduras de sus espadas, hasta que sus nudillos se tornaron blancos; rechinó tanto los dientes, asiéndole imposible soltar más blasfemias, y su mirada llameaba en cólera.
–Debo agradecerte, Matoi –admitió Satsuki con calma e indiferencia por los actos de sus miembros de élite. Con su espada en manos, se apoyó en ella como si fuera un bastón –. Sin tu ayuda, no habríamos ganado el festival.
– ¡¿De qué diablos estás hablando?!
Y antes que alguien pudiera contestar la pregunta de Ryūko, el inconfundible sonido de las aspas de un helicóptero a toda marcha, se hizo escuchar por todo el terreno de Kami Kōbe. Ryūko, Mako, los miembros del consejo de Honnōji y sus acompañantes, inclusive, los pocos alumnos de Kami Kōbe que aún continuaban en la preparatoria, alzaron la vista al cielo para contemplar como el trasporte aéreo, que llevaba a un costado el inconfundible logo de REVOCs, surcó el pateo escolar en cuestión de segundos.
Colgado de un arnés de seguridad de aquel helicóptero, Sanageyama Uzu extendió su brazo desde su posición sobre el patín de aterrizaje, y alcanzó fácilmente el banderín representativo de Kami Kōbe del mástil principal de la escuela, donde había ondeado al viento durante toda batalla de Ryūko contra los equipos deportivos de la preparatoria. Y como había aparecido, el helicóptero se alejó en el horizonte.
Ōbayashi y Sakuramiya, quienes yacían en el suelo molidos a golpes, miraron estupefactos como les arrebataban su símbolo patrio.
– ¡No, no nuestro banderín! –se quejaron ambos jóvenes débilmente sin poderse levantarse del suelo ante el dolor que sentían en sus cuerpos.
– ¡¿Qué?! ¡¿Qué diablos es todo esto?! –siguió Ryūko escupiendo preguntas sin comprender en su totalidad que era lo que estaba sucediendo.
– ¿Qué pasa? ¿No te has dado cuenta? –le contestó Jakuzure con una sonrisa picara en su labios –. Vaya que eres muy tonta.
– ¡¿Qué dijiste?!
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Remembranzas vivas
Fiksi PenggemarEn un universo alterno en que no existen las fibras vivas, Ryuko y Satsuki fueron separadas de niñas. Con el cumpleaños dieciocho de Satsiki se revela el mayor secreto que su madre le ha ocultado por años y descubre que la persona que más la detesta...
