El cielo se encontraba obscurecido ante la capa densa de nubes que bloqueaban la luz del sol de la tarde. La amenaza de lluvia era inminente, aún así Kiryūin Satsuki no se movería de su puesto frente a la enorme reja de acero que limitaba la mansión de su madre con el resto de la calle.
Era el segundo día de su vigilia y también desde la alerta que lanzó Mikisugi Aikurō ante el secuestro de Ryūko. No existía otra forma de llamarlo, a pesar de que Ragyō tuviera todos los derechos legales sobre su segunda hija.
Cuando Satsuki se enteró de la noticia se encontraba tomando una clase en la universidad. Prácticamente dejo todo, hasta su profesor de economía con las palabras en la boca, al salir corriendo del aula en busca de Soroi y el automóvil. Aunque ella no iba al volante, su corazón acelerado la hacía sentir que viajaba a mil por hora, mientras que su imaginación la torturaba con las terribles cosas que su madre podría hacerle a su imooto.
La joven de la cabellera oscura sabía de primera mano que era capaz de hacer su progenitora sin provocarla. Ryūko tenía un pésimo temperamento que sacaba fácilmente a cualquiera de quicio y había sido llevada contra su voluntad con las personas que más detestaba, sin duda le daría razones suficiente a Ragyō para ser despiadada con ella.
El primer destino de Satsuki fue las oficinas centrales de REVOCs, planeaba aparecerse en la oficina de su madre y exigirle ver a Ryūko. Pero ante su desesperación por llegar y la preocupación que la carcomía, Satsuki nunca llegó a prever lo que tenía Ragyō preparado para su arribo.
–Lo sentimos, Satsuki-sama –dijo tajantemente los guardias de la entrada, negándole el permiso de entrar tan siquiera al lobby –. Ordenes directas de Ragyō-sama.
Por breves segundo, la joven se planteó seriamente el escabullirse o entrar por la fuerza, ella conocía el edificio de pies a cabeza, no le resultaría imposible llegar a la oficina de su madre a pesar de los empleados de seguridad.
Pronto desechó la idea, ya que después de todo, Ragyō no podría retener a Ryūko por mucho tiempo en aquel lugar. Requería un espacio mayor, con un gran número de gente que pudiera asistirla a contener a la joven y al mismo tiempo, estuviera completamente inaccesible a cualquier otra persona, incluso Satsuki.
Fue cuando le ordenó a Soroi que la llevará inmediatamente a la mansión Kiryūin.
Desde entonces Satsuki continuaba afuera del edificio, nuevamente a la rotunda negativa de los guardias de permitirle la entrada según las órdenes de su señora. Satsuki no había comido casi nada en ese lapso de tiempo, ni siquiera había cerrado por un momento los ojos durante toda la noche (a diferencia de Soroi, quien tomó una rápida siesta en el automóvil); llevaba las mismas ropas del día anterior y sus manos siguieron aferradas a los barrotes como si la vida de Ryūko dependiera de ello. Y en cierta forma, así lo era.
Satsuki estaba completamente conciente que la larga espera era una demoniaca tortura que Ragyō había planeado para hacerla sufrir y vengarse por haber abandonado su lado. Ryūko no era de su interés, solo la usaba como un medio para un fin, el cual era que su primogénita regresara a casa.
Pero eso no era suficiente para la sádica mujer. Ya tenía a Satsuki en la puerta casi implorando entrar y la torturó con una incierta espera. La joven de cabellera morena sabía que estaba cayendo en los juegos de su madre, pero no tenía más opción si deseaba salvar a Ryūko y nada se interpondría, ni Ragyō, el hambre, la falta de sueño o la lluvia.
–Ha comenzado a llover... –murmuró Soroi a un lado de ella, mientras unas débiles gotas cían sobre sus cabezas.
Satsuki no contestó, continuó con la mirada clavada en la mansión, casi asegurando que Ragyō la estaba viendo a través de las cortinas satín.
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Remembranzas vivas
FanfictionEn un universo alterno en que no existen las fibras vivas, Ryuko y Satsuki fueron separadas de niñas. Con el cumpleaños dieciocho de Satsiki se revela el mayor secreto que su madre le ha ocultado por años y descubre que la persona que más la detesta...
