CXVII

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Natanael Cano

- ¡Gabito! - solté con alivio apenas abrí la puerta.

Gabriel alzó una ceja apenas me vio.

- ¿Qué pasó?

Me hice a un lado para que pasara.

- Todo pasó.

Entró a la casa y lo primero que vio fue el florero hecho pedazos en la sala, luego el cojín tirado, luego los perros.

Y para rematar, se escuchó desde la cocina:

- ¡Vega!

Gabito se quedó quieto.

Giró lentamente la cabeza hacia mí.

- ¿Ivanna dijo verga?

Me pasé una mano por la cara.

- No preguntes.

Desde la cocina ahora gritó Santiago:

- ¡Gado!

Gabito soltó una carcajada.

- ¿Qué es gado?

- ¡No te rías! - le advertí - no es gracioso.

- ¿Qué chingados está pasando?

- No digas groserías - solté enseguida - las repiten.

- Camila te va a matar - comentó divertido, entrando a la cocina.

Los dos bebés lo miraron inmediatamente.

Ivanna levantó las manos emocionada.

Santiago golpeó la bandeja.

- ¡Enanos! - dijo Gabito con emoción - ¿cómo están mis niños favoritos?

Ivanna respondió con entusiasmo:

- ¡Vega!

Gabito carcajeó.

- Wey, Camila te va a matar - repitió, tomando a la bebé en brazos.

Me recargué en la pared, derrotado.

- Ya sé.

Santiago me señaló.

- ¡Gado!

- ¿Qué es "gado"? - preguntó Gabriel, riendo.

- Chingado - susurré apenas audible.

Su risa solo aumentó.

Pasé una mano por mi rostro.

- Cuídalos - pedí ya resignado - voy a limpiar el desmadre de la sala.

El asintió, aún divertido.

- No les quites los ojos encima - advertí antes de salir - se escapan.

- ¡¿Ya te pasó?! - gritó desde la cocina, divertido.

Suspiré, terminando de recoger los vidrios de la sala.

- ¡Si! - admití muy a mi pesar.

Lo escuché reír más.

(...)

Camila Hastings

Me adentré a la casa escuchando un silencio demasiado sospechoso.

Estrellas | Natanael Cano  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora