Camila Hastings
- ¡Rubén! - susurré en cuanto el globo que estaba inflando explotó.
El se quedó quieto, aún medio sorprendido por la explosión.
Luego miró hacia las escaleras, donde nuestros bebés dormían plácidamente en nuestra habitación.
- ¡Perdón! - susurró de vuelta - fue accidente.
Negué con la cabeza, intentando no reír mientras le pasaba otro globo.
- Con cuidado - advertí antes de soltarlo.
- Si, mamá - murmuró antes de inflarlo con sumo cuidado.
Rodé los ojos con diversión, colgando una tira de banderines sobre la pared.
Se nos había ocurrido la brillante idea de decorar la casa para que en cuanto los niños despertaran lo vieran, pero no contábamos con que éramos menos silenciosos de lo que pensábamos. Ni aunque le escondí la bocina a Natanael había silencio.
La sala ya estaba llena de globos, sus peluches acomodados con gorritos de fiesta, y la mesa del centro estaba cubierta de regalos que habíamos envuelto torpemente a la una de la mañana.
- Esto parece una tienda de juguetes - murmuré bajito, acomodando un osito con gorrito que no dejaba de caerse.
Natanael acomodó otro globo.
- Lo es - respondió en voz baja - pero más chingona.
Rodé los ojos, pero sonreí.
Seguí pegando los banderines mientras él inflaba otro globo con una seriedad que parecía exagerada para algo tan simple.
- Te estás tomando esto muy en serio - le susurré.
- Es el primer cumpleaños de mis niños - respondió sin mirarme - obvio me lo estoy tomando en serio.
Lo observé unos segundos.
Despeinado, ojeroso, sin camisa y en pants, rodeado de globos de colores y cinta, completamente enfocado.
Se me hizo un nudo raro en el pecho.
No lo pensé demasiado.
Avancé hacia el, abrazándolo con fuerza.
Natanael se quedó quieto un segundo, sorprendido.
Luego, me abrazó con la misma fuerza, ladeando la cabeza para verme.
- ¿Y esto? - preguntó divertido.
Negué apenas, hundiéndome en su pecho.
El soltó una risa baja, acariciándome la espalda.
- ¿Qué pasó, chula?
Alcé la cabeza apenas, lo suficiente para mirarlo, sintiendo mis ojos aguarse.
Su expresión se suavizó en cuanto lo notó.
- ¿Qué pasó, mi amor? - repitió, más suave.
- No sé... - susurré con la voz quebrada - sentí muy bonito verte así... haciendo esto para nuestros bebés.
Su expresión se suavizó todavía más, si eso era posible.
- Ay, Millie... - murmuró, llevándose una mano a mi mejilla para limpiarme una lágrima con el pulgar - no llores.
Solté una risa chiquita, avergonzada.
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Estrellas | Natanael Cano
FanfictionBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
