Soy de los que piensan que existen grandes amores que marcan la historia de tu vida. Uno puede ser tu perdición y otro tu salvación. Dicen que en el corazón no se manda y estoy de acuerdo. Si uno eligiera de quién enamorarse todos seríamos felices y...
Otro madrugada que no puedo dormir, mi corazón y mi mente solo están pensando en aquella noche en donde por última vez hicimos el amor, mi mente viaja recordando cada parte de su cuerpo, cada lunar, cada estría, cada cicatriz, pienso en sus labios y extraño besarlos a mi manera, pienso en su sonrisa desde el primer día que iluminó mi vida, sus ojos y su mirada que me gritaban tantas verdades. Que difícil es decirle al corazón que ya pare, que ya fue suficiente y más porque el corazón aún quiere seguir latiendo. Me levanto y busco la carta, la vuelvo a leer una y otra vez, que irónico, me destruyo con el arma que me dio. Quiero tomar un avión y salir corriendo por ella, verla y besarla, llevarla a nuestra habitación 233 y hacerle el amor toda la madrugada, toda la noche, todo el día, quiero tenerla. Tocó cada parte de mi ser, no puedo soltarla aún, quiero saber que está haciendo, cómo le va con sus clases, quiero tantas cosas de ella que son imposibles de tener. Tomo el celular y entre la melancolía y el dolor decido marcar, suena del otro lado hasta que contestan, me quede en silencio solamente, la voz adormilada de ella soñada del otro lado.
-Bueno?- sonada con su dulce voz, quería decirle tantas cosas. -¿Quién habla?- volvió a preguntar, mi nudo en la garganta no me dejaba decir nada.
Cuelgo la llamada, no tuve el valor de decir nada más. Es increíble como el ser humano es fanático de lo que le hace daño. Y es que por más que una persona te destruya, al final incluso intentamos comprenderla.
Estos días han pasado rápido, después de esa noche no he sacado la carta, la tengo muy guardada conmigo. He intentado hacer otras cosas, despejar la mente pero no puedo. Me encuentro en mi casa, mi familia está en la sala, mi día se está volviendo deprimente, suena mi celular y apenas puedo alcanzarlo.
-Hola? Hey Damian, ¿Cómo estás? No he sabido de ti campeón- Suena Louis del otro lado
-Hola Louis, ¿Cómo has estado?- pregunto apenas pudiendo hablar
-¿Adivina qué? Miranda y yo estamos en Monterrey, por fin!- me siento alegrado
-¿En serio? No me jodas que buena noticia, ¿En dónde están?- pregunto sin ánimos
-Oye no te alegres mucho eh. Estamos hospedados en el MS Millenium en San Pedro, podrás venir?-
-No pides nada eh. Claro, voy en unas horas. Cuelgo la llamada y tomo una ducha, y me arreglo un poco.
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-Hola chicos, hola mamá, papá- paso dando un beso a mamá
-Hola, pero que guapo hace tiempo no te mirábamos así- me dice mamá riendo
-Iré a ver a Louis. Ya está aquí en la ciudad junto con Miranda, los presentaré en estos días pero primero hablaremos de negocios- le digo tomando una manzana.
-Que buena noticia hijo, ¿quieres que te lleve?- me pregunta mi papá tomando las llaves
-No quiero molestarte papá, igual y tomo un taxi, saben que San Pedro queda a 15 minutos