—Ustedes saben que no creo en nada de lo esotérico, pero una buena amiga conoce a una vidente. Le dice "La pitonisa", a secas...
—Marco, no vamos a ir a ningún lugar de esos —dice Horacio Padre, que está alterado—. Vamos a juntar toda la información que tenemos y sacar conclusiones. Empecemos desde el primer día del año. Llega el recién nacido en la canasta, con la nota que conocemos. ¿Quién deja al niño? ¿Posibilidades?
—La madre —dice Marco.
—O alguien que le quita el niño a la madre —digo.
—Supongamos que es la madre. Tiene lógica, ¿no? —continúa Horacio—. Sabe que su hijo nace con un defecto importante, no quiere pasar por eso, y lo deja en una casa.
—El niño debió nacer en la ciudad —trato de seguir el hilo—. La madre decide llevarlo lejos y este es un lugar ideal.
—¿Y la nota? ¿Cómo sabe la madre que el niño va a envejecer cada cuatro días? –dice Horacio.
—Quizás por una enfermedad genética de familia —responde Marco—. Me van a preguntar que cómo va a saber la madre eso en el primer día de su bebé, pero ahora existen pruebas genéticas. Las hacen poco antes del nacimiento.
—El hecho es que la madre debió saber, de alguna forma, la "enfermedad" de su hijo.
—Yo no lo llamaría enfermedad —protesto un poco—. Es diferente a nosotros, es todo. Hay gente que vive cien años, gente que vive cincuenta. Horacio vivirá un año. Oh, bueno, será que no es sensato lo que digo. En todo caso, no quiero llamarlo "enfermedad".
—Lo llamo así porque no sé cómo llamarlo. Pero sigamos —habla Horacio, tratando de parecer más relajado—. ¿Por qué una paloma mensajera para el otro mensaje?
—Porque la madre se quiere proteger, obvio —respondo—.
—De acuerdo —asiente Marco con la cabeza—. Si pasa el mensaje debajo de la puerta, o manda a cualquier persona a hacerlo, podemos perseguirla hasta que nos dé información. Viéndolo así no es tan extraño que envíe una paloma.
—Hablemos de Horacio hijo —intervengo—. ¿Cómo dibujó el prisma? Nadie se lo ha enseñado, pero bueno, lo pudo ver en la televisión y solo imitó los trazos.
—Sí, es creíble. Siempre escuchamos estas historias, niños que nacen con defectos de nacimiento pero que son unos genios en algunos campos —dice Horacio mientras descorcha el vino—. ¿Qué más?
—Lo que me contaste de la "predicción". Que cargabas a Horacio y viste lo del atentado en un edificio, y al día siguiente, todos los periódicos... —dice Marco.
—Sí, quizás estaba recordando alguna película y se presentó esa imagen. Tenía los ojos cerrados, estaba muy cansado. Lo que pasa el día siguiente es pura coincidencia.
—Dijiste que lo tuyo fue una visión "nítida" —interviene Marco.
—Sí, hay sueños muy nítidos, ¿no? Además, Marco, tú sabes que me gustan las películas de acción.
—Está bien —replica Marco—, pero lo de ayer, tu hijo haciéndonos entrar en ese sótano. ¿Qué carajos fue eso?
—A ver. Salimos con Horacio, se divierte con el paisaje, ve esa enorme casa y le llama la atención. ¿Por qué entra en el sótano? Bueno, a nuestro hijo le gustan cosas raras, ¿no? Prefiere los noticieros que los dibujos animados, quizás le gusta la oscuridad. ¿Y por qué no? Alguna razón habrá. Marco, tú eres bueno con las interpretaciones, suelta alguna —dice Horacio moviendo la cabeza, retador.
—Veamos... —Marco toma un poco de vino, se rasca la barba gris, tomándose su tiempo—. Quizás le gusta la oscuridad porque le recuerda cuando estuvo en el vientre materno.
—Sí, ¡eso es! —dice Horacio, inquieto, señalando a Marco en tono de aprobación—. Su cuerpo es de cuatro años, pero su mente es la de un recién nacido. Todavía está conectado al útero materno, recuerda esa oscuridad agradable, la extraña. ¡Tiene sentido, Marco!
—Espera, Horacio —digo, tratando de bajarles la velocidad— tranquilo, hablas tan precipitadamente que me estás poniendo nerviosa. Ya está. Todo tiene una razón y no deberíamos preocuparnos. Entiendo el punto. Hoy ha sido un buen día, ¿no? El pequeño Horacio es un niño tranquilo. Eso hay que agradecerlo. Llora solo cuando tiene razones importantes. No se despierta en las noches. Ayer fue un día bastante extraño, pero ya pasó. Vamos a seguir con este vino y disfrutar este sábado que está terminando muy bien.
—Perfecto. Entonces, ¿me van a hacer la pregunta o no? —comenta Marco, entusiasmado.
—¿Qué pregunta? —decimos Horacio y yo casi a la vez.
—Bueno, como ya le dicen al pequeño Horacio "nuestro hijo", entonces hay un papá de Horacio, una mamá de Horacio, y yo me pregunto, ¿no habrá un tío de Horacio?
—Ah —digo riéndome—, tú quieres ser el tío "oficial" de Horacio, ¿no?
—Pero, por supuesto, necesito que lo hagan oficial.
—Está bien, Marco, te nombramos como el tío, el único tío, de Horacio —dice Horacio Papá levantando la copa llena de vino y chocándola con las nuestras. Reímos de buena gana, liberando las tensiones. Conversamos por horas y en un momento, los tres vamos a la habitación. Nuestro hijo duerme tranquilito.
—¿Lo ves? —dice Horacio—. Le gusta estar en la oscuridad.
Yo asiento con la cabeza, le doy un abrazo y me quedo pegada a él un rato. Luego volvemos a la mesa. Mientras conversan muy alegres de las películas nominadas al Oscar, yo me quedo pensando en esa frase... "Le gusta estar en la oscuridad".
(*) Nota del editor: Este capítulo debió titularse "Diario de María", pero dicho "error" es parte de la historia, como se verá más adelante.
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La vida de Horacio
Ficción GeneralLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
