María se fue con Horacio al zoológico. Algo que le agradecí mucho. Quería estar un rato solo, procesar todo lo que ha pasado. Intentar resolver por lo menos uno de tantos enigmas. ¿Quién dejó la canasta con el bebé? ¿Quién envió la paloma mensajera? Un par de horas después, Marco me visita, trayendo un buen vino.
-Tengo esta pequeña alucinación de ver a María regresando sola, y yo preguntando por Horacio, y ella diciendo: ¿Quién es Horacio? Y luego alguien despertándome en cualquier lugar -digo.
-Pero allí está la cuna del nene -replica Marco, señalando con la cabeza mientras descorcha la botella-.Tan real como este vino.
Después de servir las primeras copas, Marco se rasca la barba, contemplando la cuna desde la sala.
-Sabes, ahora recuerdo el inicio de un libro, es de Nabokov... Habla, memoria. Sí, pero ¿cómo decía?
Espera, lo voy a googlear -comenta Marco mientras saca su móvil-. Aquí está: La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve grieta de luz entre dos eternidades de oscuridad. ¿Qué te parece? Mira, yo lo veo así. La gente tiene mil teorías sobre lo que pasa después de la muerte, miles. Pasa A, B, C, D o también, que no pasa nada.
Pero pocos se preguntan qué pasa antes de nacer. ¿De dónde se viene? Entonces, con Horacio yo no me hago la pregunta: ¿A dónde se irá el último día del año? Sino, más bien, ¿dónde estaba antes del primer día? ¿De dónde viene, Horacio? Porque, tú me cuentas, que a veces el nene mira el mundo como un adulto. Entonces, es como que ya sabía por qué venía ¿cierto? Como si antes de nacer, hubiera dicho, tengo que ir allá, y no voy a perder el tiempo llorando porque no me gusta la sopa o porque papá no me compra mi juguete. No ha venido a perder el tiempo. ¡Solo tiene un año! Así que para mí, esa es la gran pregunta, ¿de dónde viene, Horacio?
Marco se queda contemplando la cuna, después de terminar su copa. Siempre que toma vino, se acuerda de la cita de algún libro y la conecta con el tema de conversación. Yo también apuro mi copa y trato de relajarme.
-Tenemos que celebrar su cumpleaños -se me ocurre decir-. Cada cuatro días.
-Uh, lo que vas a gastar en tortas de chocolate.
-Podemos comprar bizcochos, duran más.
-Por cierto, Horacio Grande, si es que se cumple lo del mensaje de la paloma, ¿cuántos años vivirá Horacio Chico?
-91.25 años. Exactamente, eso.
Me quedo pensando en la cifra. Horacio ahora es un hijo para mí, luego será como un hermano, más tarde, un padre, y al final, un abuelo. Comparto ese pensamiento con mi amigo.
-¡Será como tu abuelo!, eso tengo que verlo –dice Marco.
-Lo verás en diciembre.
-Y qué tipo de abuelo será. ¿Te imaginas? No será un anciano que recuerda los viejos tiempos con nostalgia. Para nada. Será más bien, una especie de... anciano niño, ¿no? Alguien que a sus 91 años mirará todo con inocencia. Dentro de estas circunstancias tan complicadas, por lo menos, ¿algo hermoso hay, no?
Seguimos conversando por horas. En eso, María toca la puerta.
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La vida de Horacio
General FictionLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
