No pasó nada hoy día, no llamó Román, tampoco Iván. Desayunamos, almorzamos y comimos en un restaurante cercano donde el mozo habla inglés y se puede comunicar con María. Paseamos por Óbninsk, tratando de no acercarnos al bosque de la cancha olvidada de fútbol. El mozo, que se llamaba Boris, nos dijo que el nombre de ese bosque es Guryanovskiy. Marco nos escribió. Dice que todo transcurre con normalidad en la casa y que está alimentando a las palomas. "Un día en el que no pasa nada es digno de celebración. Han pasado demasiadas cosas en pocos días. Podemos disfrutarlo, así de simple " dijo María y yo le di la razón. Nos dieron ganas de hacer un muñeco de nieve. Horacio se dejó caer en su silla riendo y cuando nos vio juntar la nieve, nos ayudó. Algo de irreal había en esa tranquilidad. ¿Estoy despierto o estoy soñando? me pregunté. Toqué la nieve y era real. Miré la hora en mi reloj, los números avanzaban de forma natural. María le tiraba bolas de nieve a Horacio hijo, que respondía el ataque. Reían y todo eso seguía una lógica perfecta. "María, ¿estás despierta o estás soñando?" le pregunté. "Estoy despierta. Si no me crees, mira tu reloj. Vas a ver que los segundos avanzan al mismo ritmo". Verifiqué de nuevo la hora en mi reloj. Era cierto. Entonces se trataba de un día simple, sin revelaciones. ¿Qué estarán haciendo los otros padres en este momento?, pensé.
—María, tienes un hijo que cada cuatro días cumple un año. ¿Estás despierta o estás soñando? —pregunté inquisitivo. Ella me miró de soslayo, buscando entender mi terquedad.
—Ya sé lo que te pasa, Horacio Papá. Has entrado en una especie de negación, ¿no? Quieres pensar que esto no está sucediendo, porque en el fondo tienes miedo de lo desconocido. Yo también tengo miedo. Después de todo, ¿qué hacemos en Rusia, muriéndonos de frío? ¿Y si nos agarran un día y nos meten en un calabozo para hacer experimentos con nosotros? Claro que lo he pensado. Esto es una locura. Pero es el año 2015 y el mundo está loco también. —Abrazó a Horacio por la espalda. Nuestro hijo seguía armando bolas de nieve para tirar hacia cualquier parte—. Y parece que estos chicos tienen algo que aportar. No tengo idea qué es exactamente, pero nos tocó protegerlos. ¿Y lo estamos haciendo bien, no? Así que no hay que tener miedo, Horacio Papá. A veces quiero que este año se pase volando para poder decir, ¡lo logramos! Cumplimos con nuestra parte de esta misión internacional. Pero tampoco quiero despertarme un día y ver que Horacio no está allí diciendo sus sílabas extrañas. Me va a doler. ¡Qué le vamos a hacer! Este es el día 99, no es un día cualquiera. Porque cuando mañana llegue el día 100 yo apuntaré en mi Excel que completamos el primer gran tramo de la maratón, que estamos listos para seguir avanzando hasta el día 200. Entonces un día en que no pasa nada está muy bien. No es un sueño lúcido, es la vida y no le voy a tener miedo. Ahora soy la madre de Horacio, es la realidad y me gusta.
Cuando María terminó de hablar, no comprendí bien si me estaba respondiendo o si se estaba respondiendo a sí misma. Pero me tiré en la nieve como Horacio y cerré los ojos dejándome llevar por la actitud despreocupada de María. Cuando los abrí después de un buen rato, mi hijo tenía algo entre las manos.
—Un picaflor estaba volando encima de nosotros. Horacio abrió las manos y el pájaro se posó en ellas —dijo María—. ¿Debemos buscarle alguna interpretación a eso?
ESTÁS LEYENDO
La vida de Horacio
Fiction généraleLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
