Diario de Marco
La idea es sobrevivir. Eso le dije a pequeño Horacio. No sé si me entendió. Pero se lo repetí varias veces, como mi viejo lo hizo conmigo. La idea es sobrevivir. Horacio me miraba abriendo bien las cejas, luego regresaba a la televisión. Eso me dijo mi padre, le repetí. Era un marino, traía objetos de varios países. Así empezó mi gusto por coleccionar cosas antiguas. ¿Por qué te gusta el mar? Le pregunté a mi viejo. Porque en el mar, la idea es sobrevivir. Estás en un barco lejos del mundo ¿y si viene una tormenta? Cualquier cosa puede pasar. Una enfermedad contagiosa se esparce en los pasajeros, no hay medicinas, ¿qué haces? La idea es sobrevivir. Me gusta ese tipo de lucha decía mi viejo. Siempre recuerdo esa conversación con él. Y me afecta, ¿sabes, Horacio? Porque un día mi vieja se quedó esperando a mi viejo. Demoraba más de lo debido, y al día siguiente ya estaba esperando con las esposas de los otros marinos. A veces se reunían en mi casa, intercambiando información sobre el posible paradero de sus esposos. Y yo todos los días tenía que ver a mi vieja mirando la foto en blanco y negro de papá, manipulando el timón, fumando su pipa con rostro orgulloso. Tenía una barba prominente como la mía. Por eso creo que empecé a coleccionar cosas antiguas, porque mi papá traía esos objetos de otros países y esa colección tenía la energía de mi viejo. Entonces cuando papá ya no regresó, yo le traía las cosas de otros países a mamá. Le decía, mamá traje este elefantito que es de la India, muy antiguo, tuve que recorrer muchas tiendas. Porque yo no soy marinero y sólo puedo navegar por las calles. Mamá se alegraba un poco porque la colección seguía creciendo. Y el otro día traje un Buda original de Tailandia, antiguo, para que esté junto al otro Buda que papá trajo de Tailandia, cuando yo era niño. Mamá lo cogió entre sus manos con ternura y cuando lo puso al lado del otro Buda, se puso a llorar. Ojalá hubieras visto esa escena, Horacio. Aprenderías algo sobre los sentimientos.
En fin, ahora tengo mi tienda de antigüedades porque me gusta guardar estos objetos que tienen la energía de sus antiguos dueños, personas que los atesoraron. Esto es de mi abuelo, de mi abuela, de una tía que vivió más de cien años, dicen. Esos objetos, Horacio, están llenos de energía. Ellos no la reconocen. Pero luego viene alguien que las compra y les da valor otra vez. La historia del objeto nace de nuevo, en las manos del reciente comprador, que lo regalará a alguien y ese alguien recordará por siempre ese regalo. Me gusta mover esa energía. ¿Sabes, Horacio, qué objeto me hace mucha falta en mi colección? Un libro de Moby Dick que mi papá leía todo el tiempo. A veces me leía partes, como por ejemplo, cuando antes de navegar, Ismael dice que "a veces siento que mi cuerpo no es más que las heces de mi mejor ser". Y se lanza en busca de la ballena blanca. Papá me lo explicó a su manera. "Tú tienes tu mejor ser, yo tengo mi mejor ser. No te preocupes de la muerte". Eso me dijo, Horacio, y yo se lo repetía a mamá cuando no podía dormir. Tendrías que ver sus ojos de madrugada, pequeño Horacio, porque allí te hubieras dado cuenta lo que significa esperar años enteros por alguien que nunca viene. No podrás saberlo, no es esta vida. Quizás te envidio por eso. A ratos me pongo a pensar en tu existencia y digo que sería interesante vivir toda la vida en un año. Tener tu nacimiento y tu muerte muy cerca para poder vivir con intensidad. En fin, Horacio, es raro estar bebiendo este vino solo, pero sabes, que estoy muy melancólico hoy día porque estaba pensando que te voy a extrañar. A pesar de que no seas muy comunicativo. No te lo he contado, pequeño Horacio, pero no sabes la alegría que me dio saber que te gustaba tanto el reloj de arena del siglo XIX que te regalé. ¿Te imaginas un mundo sin relojes digitales? Un reloj de arena te lleva a ese mundo. Me pregunto ¿cuántas personas vieron el tiempo a través de ese objeto? Me imagino a filósofos antiguos, viejos sacerdotes, princesas curiosas, niños de tres años, viendo la arena pasar con tanta curiosidad como tú. La idea es sobrevivir. Mi viejo me lo dijo tantas veces en esa conversación. ¿Por qué? Nadie sobrevive, Horacio. Nadie sobrevive al reloj de arena. Pero quizás tú sí puedas, algún truco debes tener. Me recuerdas a mi viejo, a veces. Pero tú no viajas por mar. Tu viajas entre nacimientos y muertes. ¿Eso te gusta, no? Yo quisiera hablarte de un sueño que tuve, con el libro de Moby Dick de mi papá. Estaba flotando en el mar, un libro abierto y solitario en el agua, recibiendo la luz del sol y de la luna. Yo esperaba, pequeño Horacio, que el libro llegara a una isla, que alguien lo lea y se emocione. El sueño era tan largo y angustiante, porque el libro parecía tener vida. Estaba lleno de energía en cada página. Tu vida es algo así, Horacio. Eres como un libro que al fin llegó a la orilla.
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La vida de Horacio
Fiksyen UmumLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
