Diario de María
Hacía un clima fresco y decidí salir con pequeño Horacio al parque que está cerca de la casa. Me senté en la banca y él se quedó cerca de mí en su silla de ruedas. Después de un rato, decidió salir de su silla y ponerse a mi lado. Le sonreí, me sonrió. Tiene esa mirada tan extraña de adolescente que acaba de nacer. ¿Cómo explicarlo? Es una mirada inocente, pero a la vez entra en ti y es como si leyera cada uno de tus pensamientos.
—Hace apenas un par de meses, yo te cargaba entre mis brazos —le dije. Él no dejaba de mirarme. Parecía asombrarse con mis ojos. Luego miraba a los árboles. Se ponía triste y no se le podía preguntar por qué.
—¿Por qué estas triste?— le pregunté de todas formas. Pero no respondió.
—Te preocupa el viaje a Óbninsk? ¿Acaso sabes qué va a pasar allí? ¿Tienes miedo? —le dije con ternura. Horacio se quedó dubitativo y volteó hacia mí de nuevo. Me abrazó. Pude sentir su preocupación, porque él siempre está cómodo en su mundo y cuando está intranquilo es muy notorio. Percibí su respiración agitándose de a pocos, sus latidos chocando levemente contra mi pecho.
—No tenemos que ir si no quieres —le dije. Se pegó más a mí. Le froté la espalda. Por un momento, pensé que iba a llorar, que estaba haciendo un gran esfuerzo para evitar las lágrimas, pero después de un instante, besó mi cuello y me asusté.
—¡Hey! —lo miré extrañada, nerviosa, apartándome. Él se me quedó mirando, alzando un poco las cejas. Hubo un silencio largo entre los dos. Luego volvió a su silla de ruedas y se fue tranquilo hacia la casa. Mientras lo veía alejarse, recordé su frase: ¿Qué sientes cuando me abrazas, María? Y comprendí por qué, la primera vez que me habló en un sueño lúcido, no me dijo mamá.
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La vida de Horacio
Ficción GeneralLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
