Ayer en la noche, debimos estar celebrando el cumpleaños de María en un restaurant. Pero la pasamos en el hospital. Román sigue inconsciente hasta ahora. En la camioneta me pusieron junto a María, Horacio, Eva, Teseo y Amanda que cargaba a Alanis. Conducía un hombre vestido con traje elegante; llevaba un audífono en la oreja a la manera de los guardaespaldas en las películas. Dijo unas palabras en ruso que María alcanzó a comprender: "No podemos llegar todos a la vez al hospital, por eso daremos unas vueltas antes".
—¿Los otros padres están yendo al hospital, también? —preguntó María.
—No, los únicos padres son ustedes, porque su hijo es el único que no se comunica con normalidad. Por eso los necesitamos —respondió el ruso, que no quiso decir su nombre.
Era toda una experiencia estar cerca de Eva. Por alguna razón, me hacía sentir seguro. María me dijo después que sintió algo parecido. Me daba la impresión de que si Eva nos acompañaba a la casa abandonada, no tendríamos miedo. Por otro lado, María siempre quiso conversar con Amanda, que se caracteriza por su mirada triste y su silencio en todas las reuniones. Al principio le respondía con frases cortas, pero poco a poco fue soltándose. Cuando María le preguntó sobre sus padres, Amanda dijo que prefería no hablar del tema.
Al llegar al hospital, estuvimos en una sala de espera. No sabíamos en qué habitación estaba Román ni cuál era su estado. En un momento Eva se acercó a la ventana a contemplar el paisaje. María salió con Amanda afuera, porque Alanis se puso a llorar y no querían molestar a las otras personas en la sala. Me quedé viendo en la televisión una película rusa de la que no entendía nada.
Cuando Eva se volvió a sentar, sacó un cuaderno y se puso a dibujar. De reojo pude ver que era buena haciendo bocetos. Al final me mostró el dibujo. Una joven muy parecida a Amanda estaba encerrada en una especie de mazmorra.
—Esto es lo que vi —dijo Eva—. Amanda se encontraba en un calabozo. Un rey la había mandado encerrar, porque se había atrevido a defenderse del ataque de uno de sus mejores soldados, que era un patán.
Mi inglés no es tan bueno como el de María, así que le pedí a Eva repetir ciertas frases, varias veces. De vez en cuando decía cosas en español.
—A María la encierran junto con ella. Tenían edades parecidas. Las vi compartir ese encierro durante años. El rey bajaba cada cierto tiempo a verlas. Se reía de ellas, les mostraba platos suculentos mientras se morían de hambre, pero nunca les daba nada, apenas pan duro y agua —explicaba Eva, al parecer emocionada por la nitidez de sus visiones—. Un día ese castillo fue atacado y ambas fueron liberadas por los soldados de otro rey. Desde entonces fueron como hermanas, no se separaron nunca. Vi una escena en la que Amanda está usando una rueda de hilar de la Edad Media. María está cosiendo un traje para alguien de la realeza. Se hacen conocidas por sus habilidades para hacer vestidos, reciben pedidos incluso de gente pobre. Ellas son bondadosas y se compadecen del que sufre.
Ese comentario sobre la ropa me sorprendió, porque el primer trabajo de María fue en una tienda de ropa y siempre me cuenta que lo disfrutó mucho. Además, una vez en el shopping de Triunfo Plaza vio unos vestidos y me dijo "esta blusa es perfecta para Amanda".
En la sala de espera no duramos mucho tiempo. Ivo se acercó a nosotros y dijo que lo mejor era que todos volviéramos a nuestros hoteles.
Ya en la habitación, andábamos preocupados por el tema de Román. Siempre ha sido incómodo no recibir mucha información de él, pero la situación actual nos dejaba en un limbo.
Pensábamos que algún niño X debía intentar ayudarlo, pero no teníamos idea cómo ni cuál de todos podía hacerlo.
La cena era mi regalo de cumpleaños para María pero con lo que había pasado ella perdió las ganas de celebrar. Sin embargo, cuando le mostré el dibujo que había hecho Eva y le conté sobre sus visiones, ella se echó en la cama tratando de procesar la información y sé que se alegró.
—Tiene mucho sentido. Cuando conversé con Amanda la conexión era muy fuerte —dijo casi a punto de dormir—. Es un gran regalo, en serio. ¡Gracias!
Y se durmió.
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La vida de Horacio
General FictionLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
