Día 137

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Diario de María

Ayer mi hijo cumplió 34 años. Se la pasó echado en la cama mirando el techo, pensando quizás en otras dimensiones, o en sus vidas anteriores no humanas. Le tomé la foto del día así, echado en su cama, con la apariencia de un hombre que llega cansado del trabajo y no quiere pensar en nada. Era la primera vez que usaba una cámara de esas que imprimen la foto al instante. La había comprado en Triunfo Plaza.

Justo ayer había impreso todas las fotos de mi hijo de los días anteriores. Me puse a repasar los 137 días foto por foto y no pude evitar imaginar cómo se vería la foto del día 365. ¿Saldrá mi hijo solo? No, no lo imagino así. Tiene que salir con su familia. Mamá, papá y tío Marco. Pero mejor no pienso mucho en el tema porque después el tiempo se siente diferente, como si los días pasaran demasiado rápido y eso me hace daño. Las fotos tienen el extraño efecto de detener un poco el tiempo que se me escapa de las manos. Como no pude disfrutar el crecimiento de mi hijo, trato de ralentizarlo contemplando las fotografías con detenimiento. La foto me transmite a la fecha en que fue tomada y trato de hacer la película de ese día en mi cabeza. Por ejemplo, la foto del día 114. Estamos en la cancha de Óbninsk donde siempre jugamos baloncesto. Mi hijo sonríe cogiendo la pelota, sentado en su silla de ruedas. Yo estoy inclinada para estar a su altura, el viento eleva mi cabello tapando levemente mis ojos. Horacio tiene 28 años aunque aparenta tener varios menos. Parece mi hermano menor. Han pasado tres semanas de esa foto y ahora mi hijo tiene un rostro más reflexivo, que transmite una responsabilidad grande que cumplir, como si esperara una gran carga de trabajo apenas los niños X se empiecen a reunir.

En la foto del día 44, pequeño Horacio contempla su reloj de arena del siglo XIX, que Marco le acaba de regalar por su cumpleaños. Se me ocurre que antes de fin de año, Horacio hablará oraciones completas y me podrá decir qué le fascinaba tanto de ese reloj.

La primera foto del álbum, la única que no tomé yo, me sigue pareciendo tan enigmática. Horacio en su canasta, con la nota que pusieron en ella. Pensar que fue tomada apenas unas horas después de que Susana hubiera grabado el video con su mensaje. Me da escalofríos pensar que estuvimos tan cerca de llevarlo a un orfanato.

¿Tendrá la madre de Toshiro un álbum parecido? La necesidad de intercambiar experiencias con cada madre de un niño X se vuelve más fuerte conforme nos acercamos al día 144.

Por otro lado, Horacio Papá andaba preocupado hoy porque un cliente no le hacía la transferencia de dinero. Además, otro cliente que iba a trabajar con él a distancia para programar una base de datos, rechazó el pedido a última hora. En la tarde lo vi revisando páginas web de apuestas y de repente, se le ocurrió la idea poco sensata de que Horacio podía pronosticar resultados de partidos de fútbol. "Si en el dibujo del día 58 nos reveló eventos futuros, no vendría mal una ayuda con alguna apuesta". De arranque la idea me pareció de muy mal gusto. ¡Usar a Horacio para ganar dinero! "Hagámoslo por diversión. ¡Nos aburrimos tanto en Óbninsk! No conocemos a nadie y falta todavía una semana para la reunión de los niños X" insistió. En eso le daba la razón, los días en Óbninsk se pueden tornar muy aburridos y cualquier distracción viene bien.

En la pared de la habitación teníamos pegado un mapamundi, que habíamos comprado hace días cuando visitamos una librería y Horacio lo había señalado con insistencia. Lo despegamos y se lo mostramos a Horacio.

— ¿A qué liga le jugamos? —preguntó Horacio Papá. Mi hijo deslizó su dedo índice alrededor de cada continente. Daba la impresión de buscar un calor especial en algún territorio. Finalmente señaló Inglaterra.

— ¡Perfecto! —replicó Horacio Papá que buscó con avidez los próximos partidos de la Liga Premier en la laptop—. Solo hay un partido para mañana lunes, 18 de mayo. West Brom contra Chelsea. ¿A cuál le jugamos, Horacio? West Brom contra Chelsea. Piénsalo bien, vamos.

—¡Brom! —replicó Horacio, abriendo los ojos como si acabara de recibir una revelación—. ¡Brom!

—Eso no quiere decir, necesariamente, que le apuestes al Brom —intervine—. A lo mejor le gusta la sílaba, eso es todo. Tú sabes que Horacio habla en sílabas.

—¡Brom! —insistió mi hijo.

—Brom será entonces —dijo Horacio Papá—. Todos esperan que gane Chelsea, así que Brom va a pagar muy bien si da la sorpresa.

—Creo que Horacio te está indicando el equipo perdedor a propósito, así no lo vuelves a usar para...

—Hagámoslo por diversión —concluyó Horacio Papá que ya había sacado la tarjeta de crédito para hacer la apuesta en línea.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora