Día 60

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En la ciudad fui a una tienda especializada en sillas de ruedas con la intención de comprar una de deportes para Horacio. Había sillas para jugar tenis, baloncesto, rugby y hasta una de diseño aerodinámico para practicar ski de competición. Me decidí por la de baloncesto. En el patio de la casa podría instalar un tablero con su canasta. Espero algún día ver a Horacio caminar, pero eso es impredecible. Le gusta tanto "correr" con la silla que imaginé sería feliz jugando al baloncesto. Acabamos de celebrar sus quince años. Dejamos que ponga su vela favorita y cantamos aplaudiendo. Aunque Marco no pudo venir por un tema de trabajo. Se notaba que Horacio lo extrañaba porque miraba la silla vacía a cada rato. Después de cantar le mostré a mi hijo su nueva silla. Le fascinó y salió a la calle en el acto, echándose a correr por las aceras. Hasta pensé en inscribirlo en algún campeonato de atletismo en silla de ruedas. María trató de explicarle que la silla deportiva la debería usar solo fuera de casa. Él asintió con la cabeza, como un niño de tres años que responde solo para que no lo molesten más. En la noche, María intentó hacer contacto con nuestro hijo de nuevo. Cerró los ojos en frente de Horacio, respiró profundo, pero él estaba concentrado en las noticias o en dibujar. "Para otro día será" dije. Intentó un par de veces más pero fue inútil. Cuando Horacio se durmió, María y yo nos fuimos a celebrar el Día de los Padres de Horacio en la mesa del comedor, algo que no pudimos hacer ayer. Hicimos un brindis con jugo de naranja, y nos felicitamos. Entonces me dijo que había sacado una cita para ver a la maestra que la pitonisa recomendó. Le dijeron que vaya el 4 de marzo.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora