Día 70

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Estaba jugando baloncesto con Marco y pequeño Horacio. 

—Marco, cuando le regalaste el libro de Bradbury a Horacio, ¿dijiste que justo ese día había muerto? —pregunté. 

—Sí —respondió. 

—Pero Bradbury murió en el 2012.

—¿En serio? Uh, pero lo vi en un portal de noticias que... 

—Bueno, no importa. El hecho es que ya van dos veces que entro en un sueño lúcido. Y en ambas ocasiones, el sueño empieza con el entierro de Ray Bradbury. Ya te conté el primer sueño; en el segundo, yo me acerco a la gente alrededor de la tumba y pregunto: ¿Quién acaba de morir? Un niño me responde: Bradbury. Luego me hago la pregunta del ejercicio. ¿Estoy despierto o estoy soñando? Veo la lápida y el nombre del autor aparece y desaparece. Estoy soñando, me digo. Me siento muy ligero y vuelo. Llego a una azotea. Veo a Horacio. Está de pie, con las manos en los bolsillos de su jean. Le hablo, emocionado. Pero él no me responde. Tiene un reloj digital y lo señala con el dedo. Yo veo mi reloj y la hora es 5:55. Allí me despierto. Durante ese día, cuando veía el reloj, casi siempre las horas terminaban en el minuto 55. ¿Tienes alguna explicación para eso? Marco encestó y le pasó la pelota a Horacio que también encestó, luego me la pasaron a mí, pero mi tiro rebotó en el anillo. 

—¿La otra vez, lo de las horas, te pasó con qué número? —preguntó Marco. 

—44 —respondí. 

—Bueno, si llego a entrar en un sueño lúcido, preguntaré a alguien qué significan esos números. Horacio siguió encestando. Se nota que tiene pasión por el juego. Cuando la pelota rebotaba muy lejos, él corría muy rápido con su silla y la alcanzaba. Me hice la promesa de inscribirlo en algún torneo antes del 4 de abril.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora