Día 48

7.3K 548 29
                                        

Todavía estoy procesando todo lo que pasó mientras andábamos en la oscuridad rumbo a la casa abandonada. La voz de Arturo escuchándose con nitidez. "No tengas miedo, papá" me dijo. ¿Cómo no iba a quebrarme? En verdad estaba pensando en él mientras buscábamos la casa. Porque si pequeño Horacio desaparecía de mi vida, ¿no iba a reactivarse en mí la desolación después del terremoto? "Otra vez, no" pensaba. "Otra vez, no". Pero esa oscuridad no solo era del bosque, sino la de mis miedos más profundos. La desaparición de Arturo cubrió mi vida con una tela. Ya no era la realidad de siempre. Son casi nueve años que he estado viviendo así. Mi esposa no me soportaba. Nos separamos. Pensé que en algo nos ayudaría. Cada uno trataría de superarlo a su modo. Yo me quedé con la tela sin poder zafarme de ella. Los días buenos y malos eran muy parecidos en el fondo. Había decidido mudarme fuera de la ciudad. La idea de vivir solo, recibir la visita de pocos amigos. Al menos era cómodo. Vivir sin dar explicaciones sobre mis estados de ánimo. Estar lejos de la ciudad era la mejor forma de convivir con la tela. Pero también fue el mundo nuevo de encontrar a Horacio.

La oscuridad del bosque era también la oscuridad de la tela. Me enfrentaba a ella cara a cara. Me asfixiaba. Era el preludio a una liberación. ¿Pequeño Horacio tenía planeado todo el episodio? ¿A ese nivel llega su conocimiento de las cosas? El hecho es que la tela fue desapareciendo después de que me arrodillé en el suelo y me quebré. Al levantarme de nuevo, tuve la sensación de que encontraríamos a Horacio en el sótano porque ese era su plan. Todo lo que me había pasado, el reencuentro con Arturo, la posibilidad de enfrentarme con el lado oscuro de mi vida, solo era posible en ese bosque, en esa noche, sin brújulas ni guías.

Hoy celebramos los doce años de Horacio, pero también hubo una celebración personal: la desaparición de la tela. Esa cosa que solo yo podía entender y Horacio entendió. María tenía razón. Esto no solo se trata de proteger a Horacio, también consiste en dejarnos proteger por él.

Como ya se ha hecho costumbre, mi hijo solo quería ver en su torta la vela número ocho. Parece que será el resto del año.

-¿Te has dado cuenta de que si sumas las cifras del año, 2+0+1+5, te da 8? –dijo María después de que cantamos feliz cumpleaños.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora