Día 175

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Mensaje de Teseo

En un sueño vi a Román, vestido con un buzo y un gorro —parecía el entrenador de un equipo—, entrando en un coliseo que se estaba llenando de a pocos. La cancha era negra, surcada por rayas blancas que armaban una especie de tablero. Román reconocía el espacio, meditabundo, cogiéndose las manos por la espalda. Yo veía todo desde las graderías. Cuando me puse de pie para hacer mi propia inspección, pasó cerca de mí uno de los espectadores. Sus ojos cambiaban de color constantemente. A veces la piel de su rostro desaparecía, dejando ver solo los ojos. Luego vi a Román saliendo de la cancha, las líneas blancas desaparecían conforme se alejaba de ella. Al final quedó un espacio oscuro como un abismo. Las graderías se llenaron cada vez más rápido de espectadores; vestían como seres humanos, pero no lo eran. Sus rostros eran humanos, pero de rato en rato desaparecían. Un humo los rodeaba cuando estaban cerca unos de otros. Conversaban en un lenguaje incomprensible. De vez en cuando, se ponían de pie y clamaban algo o silbaban con impaciencia, irritados. Pero los sentí verdaderamente enfurecidos cuando apareció Cronos empujando la silla deportiva de Horacio dentro de la cancha, que otra vez se llenaba de líneas blancas formando el tablero. Ambos tenían puestas camisetas de baloncesto con el número ocho.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora