Día 144

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Diario de María

Nos llevaron a un edificio, conduciéndonos a una sala de espera, con dos pantallas montadas en la pared. Ivo se llevó a Horacio a otra sala y en cuestión de minutos, las pantallas se prendieron.

Los niños X llegaban de uno en uno a un salón donde solo aparecía una mesa rectangular y sillas. Cada pantalla transmitía un lado diferente de la mesa, de tal forma que uno podía estar atento a los gestos de cada uno. Horacio fue el penúltimo en llegar, Ivo lo situó al lado de Toshiro que a su vez, estaba al lado de Cronos. En frente suyo, reconocí a Gunter, Nadenka, Milena y Teseo. Este último tendía a reírse solo, como un niño en su mundo. Aparentaba tener unos 12 años y esto resaltaba en el grupo de los otros niños X porque todos ellos, igual que Horacio, cumplían 36 años. Aunque, en una silla para bebés en la cabecera de la mesa. Esto me pareció extraño, porque no pueden dejar a un bebé sentarse así en una reunión, sin su madre. ¿Dónde estaba Amanda? Alanís estuvo tranquila en su silla y así se completó la mesa con los nueve niños X. Eva estaba en la otra cabecera. Su piel castaña y brillante me parecía hermosa. Llevaba el pelo rizado, recogido en un montón de trenzas. Los ojos redondos, claros e inocentes transmitían bondad, pero de rato en rato, cuando fruncía levemente el ceño, como midiendo la situación, mostraba un lado de liderazgo.

Pensé que Román iba a aparecer en algún momento, pero nunca entró. Los nueve niños X se miraron entre sí, pacientes, esperando instrucciones, con excepción de Cronos que tamborileaba sus dedos contra la mesa y miraba a la cámara, insatisfecho, como si lo hubieran dejado sin hora de recreo en el colegio. De repente, Alanís empezó a llorar y unos instantes después, alguien abrió la puerta. Era Ivo que dejaba pasar a Amanda y traía una silla. Se llevaron la silla para bebés y Amanda tomó su posición en la otra, cargando al bebé sobre el hombro, apaciguándolo. El rostro triste de Amanda siempre me dejaba con muchas ganas de hablar con ella. Alanís se quedó dormida en cuestión de minutos.

Teseo sacó un mazo de cartas del bolsillo de su pantalón.

—¿Alguien quiere jugar "memoria"? —preguntó. Los otros lo miraron con curiosidad.

—Yo quiero jugar —dijo Milena, que tiene las cejas marcadas y cabello lacio hasta los hombros. Teseo puso las cartas sobre la mesa y cada niño X empezó a adivinar las cartas iguales cuando le tocaba su turno. Se notaba que Toshiro era bueno con la memoria. En la segunda ronda, sin embargo, pasó algo gracioso. Cuando le tocó el turno a Eva, encontró todos los pares con facilidad, lo que era inexplicable porque el juego apenas había comenzado. Gunter alzó los brazos y dijo algo en alemán. Nadenka dijo algo en ruso, riéndose, y Teseo dijo: "¡Eso es trampa!".

Yeah, I know I'm cheating —dijo Eva. Después que todos se rieron volvió el silencio. Entonces Horacio cogió las cartas y las ordenó en un mazo. Las barajó y tiró unas diez en la mesa. Milena se levantó de su silla para analizar los números con detenimiento. Atrajo las cartas hacia sí. Ladeó la cabeza, meditando un par de minutos.

—No podemos continuar con la reunión —dijo.

Los niños X se miraron las caras. Cronos se cruzó de brazos. Los otros intercambiaban opiniones en voz alta, los idiomas se mezclaban. Alanis volvió a llorar y Amanda tuvo que ponerse de pie y cantarle algo en voz baja al oído mientras la cargaba.

You are right —dijo Eva a Milena. Luego, seria, miró a una de las cámaras—. The first meeting is over.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora