Diario de María
Los reconocí a lo lejos. Marco empujando la silla de Horacio, con pasos tranquilos. Mientras más se acercaban, quería presentir la figura de sus rostros. Cuántas arrugas iban a mostrar cada uno, cuánto cansancio. Caminé hacia ellos con el mismo ritmo, sin prisa. "Como si tuviera todo el tiempo del mundo" pensé. Cuando, en verdad, tiempo era lo que menos quedaba. Horacio era también el reflejo del año 2015, que ya estaba envejeciendo. Eso y la tristeza de cerrar un ciclo. Pero un año renace y Horacio no renacerá. Esa era la sensación en cada paso que me acercaba a mi hijo y a mi mejor amigo. Corría viento y me metí las manos en los bolsillos de mi pantalón. Quería disfrutar el reencuentro alargando los segundos. Marco se detuvo, levantó a Horacio con un poco de dificultad. Lo sostuvo mientras apuraba mis pasos y sacaba las manos de los bolsillos. No dudé en correr hacia él. Mi hijo me abrazó y todos los días desde el primero de enero me abrazaron con él. Me abrazó su nacimiento y también su muerte, que es lo mismo a decir que sus brazos me llenaron de alegría y de tristeza. ¿Cómo se puede querer tanto a alguien que te acompañó tan poco? Solo el padre de un niño X me entendería. "Mi cama es una puerta" dijo Horacio, en verdad ya no como un hijo sino como un padre. Ya no como una primera frase sino como una de las últimas. "Sí, tu cama es una puerta, yo te creo, Horacio" le dije, frotando mis manos sobre su espalda. Se dejó caer sobre su silla y se puso a girar las ruedas, camino a casa. Sabía que adentro miraríamos las noticias y esperaríamos con un vino a Horacio Papá. Tendría curiosidad por verlo dibujar nuevas figuras geométricas en los lienzos en blanco. Y si le entraban ganas de tirar el agua de los vasos, se lo permitiría. Ya no hay tiempo para educar a Horacio; quizás, en verdad, el tiempo que queda es para que Horacio nos eduque a nosotros. Quizás a ir por la vida sin temor del tiempo, como lo demuestra ahora que está echado en su colchón y me mira con una sonrisa pacífica. "Yo también estoy cansado, dormiré en el sofá" dice Marco. "¿Cansado por tu nueva edad o por el trajín del día?" pregunto en confianza, contemplando con más detenimiento sus arrugas. "Cansado de viajar" responde Marco, alzando las cejas, sonriendo con el gesto inocente de siempre cuando usa sus frases cortas después de silencios prolongados. "Despiértame cuando llegue Horacio Papá. Pero solo si han comprado un buen vino", agrega poco antes de ser vencido por el sueño, mientras lo cubro con una manta.
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La vida de Horacio
Ficción GeneralLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
