Día 138

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Diario de María

El partido fue en la noche. Los dos Horacios y yo fuimos a un bar donde suelen pasar los partidos internacionales.

— ¿Cuánto apostaste? —pregunté a Horacio Papá.

—Un dólar —respondió.

—¿En serio?

—Sí. ¿Acaso crees que soy un ludópata que le gusta jugar los ahorros de su vida? Te dije que es solo por diversión.

—¡Brom! —dijo el otro Horacio. Me causaba una sensación extraña lo del partido. Pero vi a padre e hijo tan conectados entre sí, como si fueran a asistir a su primer partido en un estadio, que preferí no intervenir en toda la noche.

Algunas personas miraban partidos de la liga Italia-na. Cerca de una mesa vacía encontramos un televisor apagado. Horacio Papá dijo "Premier League, please" y el mesero prendió la televisión y buscó el canal. Chelsea usaba camisetas amarillas y el Brom usaba blancas. En los primeros minutos, un par de rusos se acercaron a la mesa de al lado, intercambiaban comentarios sobre el partido que no podía descifrar. Horacio Papá pidió una cerveza Baltika y dos vasos.

—¿Vas a invitarle cerveza a tu hijo? —pregunté.

—Claro, está viendo su primer partido con papá, y además ya tiene 34 años —replicó Horacio Padre.

—¡Brom!, ¡Brom! —añadió mi hijo. Su padre llenó ambos vasos; levantó el suyo y su hijo imitó el gesto.

—Nazdarovia —dijo Horacio Papá y se tomó la cerveza. Mi hijo hizo lo mismo. Después del primer sorbo, movió la cabeza hacia atrás, abriendo bien los ojos y luego sonrió. Me fui a una mesa más alejada, a leer una novela, porque no quería estorbar en ese momento padre-hijo.

En el minuto 8, el Brom metió el primer gol. Horacio Papá se levantó de la mesa, alzando las manos y abrazando a su hijo. Más rusos se animaron con el partido. Se acercaron a la mesa, arrastrando sus sillas. Horacio hijo también celebró levantando los brazos y chocando su vaso con el de su padre. Por unos segundos vi a mi hijo como si en verdad hubiera vivido 34 años en este mundo y disfrutara un momento familiar. Fue entonces cuando entendí que Horacio Padre estaba usando una estrategia. Igual que yo, buscaba una forma de conectarse con Horacio como un verdadero padre, lo que no es nada fácil. Yo, como madre, abrazo muchas veces a mi hijo y hablo con él en su propio lenguaje. Es una forma muy personal que tengo de conectarme con él, pero Horacio no puede abrazarlo así y tampoco le gusta hablarle como yo le hablo. Por eso ver un partido de fútbol donde ya han escogido un favorito, tiene sentido. Aparte de eso, para Horacio Papá, convivir con Horacio es inevitablemente convivir con el recuerdo de Arturo. Siempre lo he pensado y las pocas veces que he intentado que Horacio Papá hable del tema, me ha evadido. Solo habló de eso cuando, camino a la casa abandonada, tuvo aquella experiencia donde Arturo le "habló".

Recuerdo un cumpleaños de Arturo. Tenía apenas cinco años y abría sus regalos con Olga, su madre. Uno de ellos era una pelota y apenas le quitaron el papel de regalo, Horacio salió al jardín a jugar con su hijo. Es más, acabo de recordar una foto de su álbum familiar. Horacio carga a Arturo sobre sus hombros y atrás se ven largas filas esperando ingresar a un estadio. Sin duda, Horacio Padre necesitaba tener algo parecido con Horacio hijo.

Cuando llegó el segundo gol del Brom, todos los rusos que veían los otros partidos se acercaron a la mesa de Horacio. Chelsea era el número 1 de la tabla y ver que uno de los últimos equipos le ganara por dos goles, era todo un espectáculo. Me acerqué con mi cámara lista, por si metían un tercer gol. Y así fue. Por eso, en la fotografía 138 de mi álbum, aparecen Horacio Padre y Horacio hijo levantando los brazos, celebrando, rodeados de rusos que también celebran con ellos, y varias botellas de Baltika en la mesa.

—¿Vas a volver a apostar? —pregunté a Horacio, cuando salimos del bar.

—¿Para qué? Solo quería que mi hijo se volviera hincha de un equipo. Ahora estoy lleno de alegría —replicó.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora