Día 262

2.3K 182 5
                                        

Todos los niños X —incluyendo a Alanis que era cargada por su madre en una mochila porta bebés— entraron en una sala grande donde se encontraba la máquina de Pac Man recién llegada. Habíamos acondicionado el lugar con una mesa de billar, otra de tenis de mesa. Tableros para jugar ajedrez, damas, incluso un juego de Senet para saber si alguien lo reconocía. Agregamos un par de televisores, una buena cantidad de libros y revistas en varios idiomas, también un set de dardos profesional.

No comunicamos a ninguno de los niños la razón por la cual los llevamos allí. "Es una sala de entretenimiento" fue nuestra única explicación. Como era de esperarse, nuestro verdadero interés era saber quién interactuaba más con el juego de Pac Man.

Ivo, Román y yo entramos también en la sala, junto a varios enfermeros. Era la primera vez que los niños X se encontraban de nuevo después de salir de las cámaras. No sabíamos cuál iba a ser su reacción. Se miraron unos a otros, saludándose entre sí con extrañeza. Aunque se conocían por los videos que habían visto del Proyecto Sasha —donde muchas veces aparecían juntos—, en sus rostros todavía se reflejaba la distancia.

Para varios de los niños, la máquina de Pac Man era algo del futuro. La miraron con curiosidad, sin animarse a tocarla, hasta que Cronos se puso en frente de ella. Ivo sacó una moneda y la introdujo en la ranura.

—¿Tengo que escapar de los fantasmas, cierto? —dijo Cronos en ruso a Ivo.

—Sí, y comer los puntos pequeños —contestó Ivo.

Durante unos minutos los niños X estaban expectantes de la máquina. En la sala solo se escuchaban los sonidos electrónicos que hacían los personajes del juego. Pero luego, poco a poco, el resto de niños se fue acomodando en los otros juegos disponibles, tratando de entenderse entre sí a pesar de los diferentes idiomas que hablaban. Horacio se dedicó a tirar dardos. Su puntería era tan buena como cuando practicaba sus tiros de largo distancia en la canasta de baloncesto.

—¿Crees que puedas llegar al nivel 256? —le preguntó Ivo a Cronos, que no paraba de jugar—. Es el último nivel del juego.

—¿Hay algún premio? —dijo Cronos.

—Puedes sugerir alguno —dijo Ivo, volteando para mirarme.

—Ya llevamos varios días encerrados aquí —dijo Cronos concentrado en la pantalla del juego, donde su rostro apenas se reflejaba—. Si llego a ese nivel, nos dejan salir.

—Los dejamos salir, pero siempre en compañía de alguien de nuestro equipo —repliqué sin dudar—. Podrán salir más de una vez en la semana. ¿Es un trato?

—Es un trato, doctora —contestó Cronos, que acababa de comerse un punto grande y ya se lanzaba a comer fantasmas.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora