Diario de Marco
Después de recibir la aprobación de María y Horacio Papá, resolví liberar las palomas en la madrugada, para evitar cualquier sospecha de algún transeúnte ocasional.
Cuando salí llevando la jaula, me sorprendió la presencia de un auto estacionado en frente de la puerta. Cerca al volante dormía un hombre como de mi edad. Me acerqué sigiloso y di golpes en su ventana.
—¿Qué hace aquí? —le espeté. Se despertó moviendo la cabeza de un lado a otro, dejando caer la chaqueta que había usado como manta—. ¿Quién eres? —insistí.
—Disculpa. ¿Crees que pueda hablar contigo? Soy el que envía las palomas —dijo poniéndose la chaqueta. A esa hora hacía frío. Salió del auto y lo dejé pasar a la casa. Parecía un tipo tranquilo.
—En verdad, necesito las palomas. Nos están haciendo nuevos pedidos y... —dejó de hablar cuando vio la jaula. Analizó concienzudamente el estado de cada paloma—. Déjame adivinar, ¿las alimentas con pan? ¿Con restos de comida? ¡Pero qué veo aquí! —dijo arrastrando sobre la base de la jaula un dedo, que luego levantó mostrándome algo de maíz molido.
—Pensé que era mejor moler el maíz, para su digestión —dije, con un poco de arrepentimiento.
—Si quieres que las palomas mensajeras tengan enfermedades bucales, es lo mejor, sin duda. ¡Maíz molido! ¿Sabías que la última paloma que te envié participa en torneos internacionales? En todo caso, debo asumir la responsabilidad de esto —decía gesticulando con las manos—. No es tu culpa, no hay problema. Pensé que iban a liberar las palomas como lo hicieron con el primer mensaje, en fin. ¿Me las puedo llevar ahora? —dijo cogiendo la jaula con ambas manos—. Necesitan con urgencia comer granos especiales.
—Espera, ¿cómo sé que eres el que envía las palomas?
—Si te digo los mensajes ¿te convences? El de la criatura que se hace un año más vieja cada cuatro días, por ejemplo, o el del niño X-7 que debe ir a Rusia. ¿Es suficiente? Yo los escribí. ¿Quieres más pruebas? ¿Acaso no leíste mi último mensaje? Tenía la esperanza de que las liberaras en el acto pero... en fin.
—Por lo menos dime algo. ¿Quién te contrató para enviar los mensajes?
—Un cliente con suficiente dinero. Estas palomas... ¿cómo te lo explico? Son barrotes de oro en una jaula. Y esos mensajes... ¿hay que ser un millonario excéntrico para enviar cosas así, no? Seguro se trata de un juego de rol. No me extrañaría que entre millonarios se diviertan de ese modo. Mira, no necesito que me des explicaciones. ¡Adiós!
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La vida de Horacio
Ficción GeneralLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
