Diario de Marco
Otra vez salí con Horacio hijo a la ciudad; era de noche. Encontramos un bar de "stand up" comedy. Era la noche de debutantes; bastaba con inscribirse en una lista para tener acceso al micrófono y contar algo gracioso a los casi veinte asistentes.
—Nos vamos a inscribir, salimos al escenario y cuento la historia de los niños X. ¿Te gusta la idea? —pregunté a Horacio; la idea era forzarlo a decir algo, a que tome una posición—. Como no dices nada, parece que te gusta la idea. Enhorabuena, ¡hagámoslo!
Puse mi nombre y el de Horacio en la lista. Nos llamaron después de una hora y media. Golpeé el micro para probar que todos nos escuchaban.
—Mi amigo Horacio es muy callado, pero su silencio me dice cosas muy profundas a veces —dije, y sin reparo alguno, quizás por mi estado de ánimo al estar fuera del proyecto Sasha, empecé a contar la historia desde que Horacio apareció en una canasta, en la puerta de la casa de mi mejor amigo. No conté todos los detalles. Hice la salvedad de que no tenía problema alguno si consideraban el relato como pura invención "... porque mi único objetivo es que pasen un rato agradable, escuchando la historia de los niños X".
El auditorio nos escuchó con atención. Estaba esperando que nos pifiaran por no contar anécdotas o cosas graciosas, pero eso no sucedió. Cuando una buena parte de la historia ya estaba contada, alguien del público, un señor calvo de barba blanca con anteojos, se puso de pie, preguntando:
—¿Puede Horacio adivinar el futuro? Como esa vez que adivinó el resultado del partido del West Brom.
—No, no lo puede hacer, señor —dije—. O quizás sí lo puede hacer, pero no quiere hacerlo —traté de explicar; se escucharon algunos silbidos.
—Pero es un niño X y debe tener algún poder —dijo esta vez un hombre con saco y corbata, que parecía haber salido del trabajo para relajarse un rato—. Me gusta la historia de ciencia ficción que acaban de contar, pero si son buenos actores, una pequeña demostración de algún don de Horacio, no vendría nada mal.
—Solo quería contar la historia, ya terminé, así que gracias por...
Horacio me interrumpió, diciendo en voz baja "viaje a Francia".
—¿Qué dijiste? —susurré al oído de Horacio, agachándome para escucharlo bien. Él repitió: "Viaje a Francia".
—¿Alguien de aquí tiene planeado un viaje a Francia? —dije con el micrófono.
—Yo —respondió una señora que, antes de nosotros, había contado al público anécdotas graciosas sobre llegar a los cincuenta años—. Viajo a París en un par de semanas.
—Hija en Francia, hija en Francia —susurró Horacio.
—¿Tiene una hija en Francia a quien no ve hace mucho tiempo? —dije.
—¡Sí! —dijo la señora, riéndose, sorprendida.
—Traducir manuscrito, traducir manuscrito —dijo Horacio en voz baja.
—Señora, usted... no me responda de inmediato, por favor. Pero hay un tema con un manuscrito. ¿Usted ha escrito algún cuento o novela?
—¡Oh, dios mío, sí! ¡Una novela! —dijo tocándose el pecho por la sorpresa.
—Traducir manuscrito, traducir manuscrito —insistía Horacio.
—Está bien, señora. ¡Calma! Estoy interpretando lo que dice mi amigo. Veamos... ¿usted acaso ha escrito una novela relacionada a las anécdotas que acaba de contarnos?
La señora movió la cabeza afirmativamente, tapándose la boca.
—Mi amigo dice que debe traducir ese manuscrito, al francés. Usted seguro ha tocado la puerta de varias editoriales con su manuscrito en español, y está cansada de que la rechacen ¿cierto? Es más, ya se cansó de las respuestas negativas y ha decidido contar sus anécdotas en bares, ya que nadie quiere publicar su libro. ¿Es verdad?
—¡Sí, tal cual! —dijo la señora. Todos los asistentes volteaban para ver sus expresiones de asombro.
—Señora —dije, sorprendiéndome a mí mismo con lo que estaba diciendo—, usted tiene que traducir el manuscrito al francés. ¡Va a ser un éxito! Se lo tiene que dar a su hija, para que lo traduzca. Luego toque las puertas de editoriales francesas. Eso es lo que me dice mi amigo.
—¡Lo haré! —dijo la señora, tomando un vaso de agua, nerviosa—, ¡gracias!
Las personas aplaudieron. No sé si consideraban todo una actuación, o si en verdad creyeron que Horacio adivinó lo del manuscrito, pero era claro que la habían pasado bien.
—Página B... Página B —dijo Horacio de repente.
—Sé que lo que voy a decir, para muchos no tiene sentido, pero hay una persona o más que van a entenderlo: ¿alguien aquí escribe en la página B? —dije después de meditarlo un poco.
Un chico que aparentaba tener 18 años se levantó de la mesa, la más lejana al estrado; se retiró lentamente del bar. Cuando bajé del escenario para alcanzarlo, se apresuró en salir. Ya en la calle tiró el skate al suelo y se largó de inmediato.
ESTÁS LEYENDO
La vida de Horacio
General FictionLa vida de Horacio es la historia de un niño con un ADN especial que nace el primero de enero del 2015. Página oficial: www.lavidadehoracio.com
