Día 55

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En el bus de regreso a casa, a través de la ventana, vi a un anciano. Su pelo blanco le llegaba hasta el cuello y era tan abundante que no permitía ver su rostro con claridad. Vestía una túnica blanca de mangas largas, como si viniera de tiempos antiguos. Entre sus piernas tenía un sombrero lleno de monedas que brillaban. La imagen me perturbó, porque su apariencia y forma de vestir era la misma del anciano que escribe en la arena de la playa, cuando tengo mis supuestas visiones. Primero pensé que estaba imaginando cosas, luego decidí bajarme en el paradero más cercano. Me dirigí con paso apresurado hacia la esquina donde lo acababa de ver, pero ya no lo encontré.

Al llegar a casa, pequeño Horacio jugaba con un rompecabezas de 500 piezas. La caja mostraba la fotografía de un castillo medieval. De rato en rato, María lo ayudaba a completar la figura, yo también.

"Todos los días armamos este rompecabezas de 365 piezas que es la vida de Horacio. La diferencia es que no tenemos la imagen final de la caja. Y solo tenemos acceso a una pieza por día" escribió en su diario.


La vida de HoracioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora