Un hombre muy malo
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—Lady Candy, ¿ha visitado la costa de Surwhich?, la puesta de sol allí es muy bonita, ¿vamos a verla esta noche?, ¡oh no!, cierto, aún no se ha recuperado, supongo que el aire de la noche no le vendría bien. —Lisa disminuyó la velocidad de su monólogo y se mostró preocupada.
Candy que caminaba detrás de Lisa mientras escuchaba su animada charla, se detuvo en seco y levantó la cabeza para mirar a la ansiosa criada.
—Ya me siento mucho mejor, Lisa —aseguró.
—¿En serio?, pero su cara está tan pálida... bueno, su piel es naturalmente tan pálida como la nieve, supongo. —inclinó la cabeza mientras la observaba y dejó escapar una sonrisa alegre.
Continuó enseñándole a su señora varios lugares en Surwhich. Candy la siguió en silencio. Era temprano en la mañana y la mayoría de las tiendas aún estaban cerradas. Gracias a esto, las calles eran tranquilas y pudieron disfrutar de un cómodo paseo en completa paz.
Después de regresar del baile real, Candy se enfermó y terminó postrada en cama durante tres días completos. Elyan, al darse cuenta de que la fiebre no mostraba signos de disminuir, llamó rápidamente a un médico, quien aseguró que no se trataba de nada grave. Su cuerpo simplemente colapsó ante los cambios repentinos de su entorno, además del agotamiento emocional durante la fiesta. ¿Podría siquiera sobrevivir durante un año?, cada vez que recordaba lo sucedido el día del baile, su pecho se apretaba incómodamente y no podía respirar bien. Trató de consultar al médico sobre el dolor que sintió esa noche y él solo le dijo: «Estará bien una vez que se acostumbre, tómeselo con calma».
La respuesta indiferente fue acompañada con el diagnóstico de neurosis común. No parecía ser el caso, pensó Candy, pero al final solo asintió en silencio. Ella ya había hecho una promesa, tenía que desempeñar bien el papel de la hija del vizconde White durante un año. Tenía que hacerlo para proteger el honor de su abuela y la familia Lanyer.
—¡Hola, señorita White!
Un fuerte grito despabiló a la ensimismada Candy. Sus hombros se sacudieron debido a la sorpresa y comenzó a mirar a su alrededor en busca de la fuente del repentino saludo. Pronto descubrió de dónde provenía; en la terraza del espléndido edificio detrás de la fuente se encontraba el hombre que saludaba con emoción.
—¡Buen día! —gritó él una vez más a la desconcertada Candy. Las miradas de los hombres sentados detrás de él también se volvieron hacia ella.
Candy los miró perpleja, suspiró involuntariamente y dio un paso atrás. Sus ojos terminaron encontrándose con la mirada del hombre rubio sentado detrás, quien descansaba perezosamente la barbilla en la palma de su mano. Fue el único rostro que pudo reconocer en ese grupo, ahí estaba él, el príncipe venenoso.
«Mira nada más...», una risa silenciosa escapó de los labios de William mientras observaba la espalda de Candice White, quien ahora huía como si hubiese visto un fantasma. Últimamente sentía que se estaba riendo más de lo habitual, y parece que tenía que agradecer al vizconde White, cuyos ahorros de toda la vida fueron robados y le trajeron una nueva fuente de entretenimiento.
Después de darle un saludo incómodo a Archie, Lady White terminó escondiéndose detrás de su doncella. Bueno, para ser más precisos, era la criada quien trataba de evitar que la chica se escapara. Hubo una pequeña lucha entre ellas en la que al final la rubia terminó siendo victoriosa, logrando zafarse del agarre de la criada y salir corriendo por la plaza. Volantes y encajes ondeaban a lo largo de sus frenéticos pasos, lo que hacía que la escena de su desesperada huida fuera aún más cómica.
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FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
