La noble y el pintor
━━━━ ❈ ━━━━
—Creo que mi padre quiere casarme —dijo Candy mientras caminaba por la orilla del río junto a Abel, quien la miraba de reojo mientras hablaba—. Él piensa que es lo mejor para mi, sin embargo, no tengo intención de hacer eso.
Abel se detuvo en seco y dejó escapar un suave suspiro. Estaba claro que el vizconde White quería casar a su hija para sacar provecho de la situación. Si mirabas un poco de cerca el comportamiento de este hombre, estaba bastante claro.
—Entonces, ¿por qué no vuelves a Bertford? —dijo Abel.
Quería decirle a Candy que el vizconde White no tenía ningún interés en ser su padre y estaba buscando la manera de deshacerse de ella. Quería advertirle, pero no sabía cómo decirlo sin herir sus sentimientos.
—Quiero hacerlo, pero prometí que me quedaría en Surwhich durante un año. Una vez hecho esto, por supuesto que me mudaré de nuevo a Bertford.
—Estoy seguro de que tu padre tiene un plan diferente.
—Aun así... debo ser fiel a mi palabra. —Contrariamente a la suave sonrisa que Candy mostraba por fuera, por dentro era firme y terca. Podía parecer infinitamente frágil, pero eso solo ocultaba la profunda fuerza de su voluntad.
«¿Qué voy a hacer con esta niña?» Pensó Abel.
No importaba cuánto tratara de persuadirla, ella seguiría luchando por el futuro de los Lanyer. Incluso si Candy regresaba a Bertford, el vizconde White no iba a dejarla ir. Tal vez no la quería como hija, pero eso no significaba que iba a dejarla escapar al otro lado del país, dejando ir su retorcida idea de venderla a cualquiera que ofreciera el precio más alto. No había nada que pudiera hacer en ese momento, y ese hecho lo dejó sintiéndose completamente impotente.
—¿Has pensado en volver a Bertford otra vez? —preguntó Candy.
Abel no había vuelto a Bertford desde hacía bastante tiempo. Solía ir al menos una vez al mes, para ayudar a su padre en el aserradero.
—Estás constantemente entrando y saliendo de la casa Lanyer —Había dicho el padre de Abel—. Tienes que parar, tú y esa chica son solo unos niños, y si quieres tomarte en serio la carrera de pintor, tienes que lanzarte al mundo y dejar de perder el tiempo en este pueblo.
Abel no podía creer que su padre dijera algo tan absurdo, pero había preocupación en sus ojos mientras fumaba su pipa y contemplaba las nubes a la deriva. Después de ese rudo consejo, Abel salió al mundo y no había vuelto a Bertford ni a la mansión Lanyer desde entonces.
No le molestó el consejo que le dio su padre, aunque fuera de mal gusto. Él sabía que tales pensamientos eran sensatos. Era joven, pero no estúpido. Candy era como una hermana para él, pero sabía que los extraños verían su amistad con recelo. El hijo de un leñador y la hija de un aristócrata, los rumores se extendieron por el pueblo como la pólvora y Abel tuvo que poner distancia entre él y ella.
Para cumplir esa promesa consigo mismo y, por consideración a su padre, Abel no había regresado a Bertford en más de un año. Incluso las cartas entre él y Candy se habían reducido a nada. Pensó que la amistad había llegado a su fin natural. Nunca espero volver a toparse con ella así.
—Candy, si alguna vez necesitas ayuda, házmelo saber —dijo Abel, evitando la pregunta.
—Sí, gracias Abel —contestó ella.
ESTÁS LEYENDO
FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
