El lugar donde desaparecieron las ilusiones
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Los ojos de Candy se abrieron, llenos de sorpresa e incertidumbre. Desvió la mirada sin ofrecer respuesta alguna. En su interior, una tormenta comenzaba a formarse, agolpándose en su pecho hasta dejarla sin pensamientos coherentes.
—Descansa —dijo al fin, como si no hubiera escuchado nada de lo que él acababa de decir.
Le temblaban las manos y, sin darse cuenta, retorcía la falda entre los dedos. El corazón le latía con fuerza cuando se giró para marcharse, ansiosa por poner la mayor distancia posible entre ella y William. Sin embargo, antes de que pudiera dar un solo paso, él la detuvo sujetándola del hombro.
—¿No me estabas esperando? —preguntó con una voz firme que ahogó incluso el aullido del viento—. ¿No es por eso que te quedaste despierta hasta tan tarde?
—No. En absoluto —respondió Candy, volviéndose hacia él con los ojos llenos de lágrimas—. La idea de que regresaras fue lo que me mantuvo despierta. Esperé... con la esperanza de que no lo hicieras.
—¿Eso era lo que esperabas? —William dejó escapar un suspiro cansado y se apartó el cabello húmedo de la frente—. Entonces, ¿por qué huyes cuando vuelvo?
—William, no hagas esto.
—Candy.
—Todo siempre parece más fácil para ti. Para mí no lo es. Por favor... no lo hagas.
—¿De verdad crees que es fácil para mí? —sus labios temblaron al mirarla—. ¿Volver con una mujer que desea que desaparezca para siempre?
—¿Deseo?
—El deseo que pediste en tu cumpleaños —rió entre dientes, con amargura—. Qué ironía... bastaron unas palabras para destruir lo poco que me quedaba de orgullo.
Al observarla, comprendió que aquel deseo había sido el único que ella había pedido. No se atrevió a preguntarle antes. No quería confesar que ya no era el hombre que había sido, que había tocado fondo sin saber hacia dónde ir.
—No es así —dijo Candy con la voz quebrada—. Un deseo es algo precioso. ¿De verdad crees que lo desperdiciaría deseando que desaparezcas?
—Entonces, ¿cuál fue tu deseo?
—Deseé algo para nuestro bebé... mi pobre bebé, que me fue arrebatado...
La mente de William quedó en blanco. Todo se detuvo.
Candy rompió a llorar. Las lágrimas descendieron sin control por sus mejillas, empapándole el rostro en una corriente incontenible.
—Deseé que nuestro hijo encontrara un lugar tranquilo para descansar. ¿Eso te basta como respuesta? Tal vez no signifique nada para ti, pero para mí... fue lo más valioso.
Parecía una niña perdida. William solo pudo mirarla, incapaz de pronunciar palabra.
—Nunca pensé que tendría un hijo —continuó ella—. Siempre decían que la princesa Olivia te dio uno, así que si yo no podía concebir, debía ser culpa mía. ¿Qué clase de esposa sería, si ni siquiera podía cumplir con su deber? Cuando finalmente quedé embarazada... fue un consuelo. Algo a lo que aferrarme cuando estaba demasiado aterrada para enfrentar la realidad.
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FLOR VENDIDA
RomansaLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
