Mi hermoso reino
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Diana De Ardley se detuvo en medio de la balaustrada del segundo piso que daba al gran salón. La melodía del vals interpretada por la orquesta de cámara despertó el ambiente de la noche de primavera. La multitud se reunió en parejas y, entre risas y charlas, bailaban por la sala.
—Tu primera fiesta es todo un éxito —pronunció las palabras de elogio de una manera suave y cálida.
—Gracias, Su Majestad, es principalmente gracias a la ayuda de la señora Morris.
—Qué curioso, la señora Morris dijo que todo esto fue gracias a tu esfuerzo incansable. También escuché que habías visitado a la duquesa Arsene todas las semanas para convencerla de que viniera, como regalo para William.
—Oh, ah, sí —dijo Candy tímidamente.
—Muchas gracias, Candy —dijo Diana volviéndose hacia ella.
No tenía grandes expectativas para su nuera. Estaba segura de que William nunca volvería a casarse, pero Candy había cambiado su opinión. Lo único que la reina siempre había querido era que su hijo viviera feliz y pleno. No le pidió nada más a Candy, pero jamás pensó que la muchacha sería un regalo semejante.
—Tengo una gran deuda contigo —dijo la reina.
—No, de verdad, me gustó visitar a la duquesa. Casi me sentí como si estuviera visitando a mi abuela materna todas las semanas, en Bertford. La abuela de William fue amable conmigo.
—Ahora que lo mencionas, ¿por qué no invitaste a la baronesa? Hubiera sido bonito estar todas juntas.
—Quise hacerlo, pero mi abuela se negó —Candy se puso visiblemente malhumorada.
—Entonces, ¿por qué no vas a la casa Lanyer con William? —sugirió Diana, impulsivamente. Podía entender, al menos un poco, por qué la baronesa se mantenía alejada de la ciudad, para no verse envuelta también en rumores maliciosos.
El corazón de Diana se entristeció al pensar en la amable anciana que le deseaba lo mejor a su nieta desde tan lejos. Ni siquiera podía creer que Candy no hubiera visitado todavía la casa Lanyer en todo el tiempo que llevaba en la ciudad. Era difícil decidir a quién sorprender más, si a William por su indiferencia, o a Candy por su paciencia inquebrantable.
—¿En serio puedo? —preguntó Candy con incredulidad—. Sería bueno visitarla, pero el festival de la fundación es pronto y la temporada de verano...
—¿Quisieras dejar de lado todas esas preocupaciones? La ausencia de la pareja Gran Ducal no interferiría con el festival ni con la temporada social de verano —Diana sonrió suavemente.
Sintió lástima por la chica, que anteponía sus deberes reales a su deseo de ver a su abuela. Sería fácil para la gente criticarla. Dejó escapar un largo suspiro mientras pensaba en el dolor que Candy había soportado, al ser comparada con la princesa Olivia en cada detalle y al cargar con todas las críticas dirigidas a William.
—Olvídate de todo por un rato, ve a ver a tu abuela. Piénsalo como un regalo del rey y mío, en agradecimiento por los regalos que nos has dado.
—Gracias, Su Majestad, muchas gracias.
Candy mostró una alegría genuina. Por un momento, Diana no pudo apartar los ojos de la joven que tenía delante. Todavía sentía compasión por ella, por su sonrisa triste. Necesitaba ponerle límites a esa niña que aún no sabía nada del mundo.
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FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
