Capítulo 31

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El ganador de la apuesta

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Estar en deuda con alguien es estar en desventaja. Candy se dio cuenta de esto mientras entraba al bote y se preparaba para disfrutar de una velada con el príncipe. No pudo evitar pensar en los rumores que surgirían después de eso. Estaba agradecida de que su abuela no estuviera ahí para presenciarlo; la anciana siempre decía que un hombre y una mujer debían tener cuidado de no intercambiar miradas descuidadas.

Era ridículo, era como echarle leña a un fuego que ya estaba ardiendo. Incluso ella podía sentir eso. Hubiese sido mejor negarse cortésmente y tomar distancia esa noche. Apartarse en una esquila y no llamar la atención. Pero no, tenía que decirle que sí al príncipe, tenía que dejarse convencer de sus ojos felinos y su sonrisa arrebatadora. Ahora era demasiado tarde, había manchado el nombre de los Lanyer, cosa que le preocupaba más que la reputación de los White, que ya estaba mancillada.

¿Pero cómo negarse a tal propuesta? Era la oportunidad para cancelar una deuda que estaba luchando por pagar. Incluso si hiciera flores por el resto de su vida, no habría podido hacerlo.

El príncipe parecía tan relajado cuando invitó a Candy a navegar, como si supiera lo que iba a decir antes de que lo dijera. Candy se había estado debatiendo entre saldar la deuda o mantener el honor de su familia. Saldar la deuda inevitablemente ganó y el príncipe extendió su mano para ayudarla a subir al bote.

Candy se sentó en la proa y miró la mano que todavía sostenía la suya. Se sentía como un sueño, algo lejano que le sucede a otra persona. El suave chapoteo de la corriente contra el bote parecía dictar los latidos de su corazón y armonizaba con su respiración.

William hábilmente remó el bote hacia el agua. Candy lo miró con los ojos muy abiertos. Ella estaba tan cerca de él. Cuando notó que ella lo estaba mirando, la comisura de su boca se curvó hacia arriba.

—No tienes miedo, ¿verdad?

—No, en absoluto. —dijo Candy no muy convencida de su respuesta.

William se rió mientras señalaba el bote en la dirección de las lintCandys de colores. Eran de tantas formas diferentes, algunas de papel y algunas de vidrio. Candy observó con asombro cómo las luces y el color se extendían a su alrededor. Nunca había visto algo tan espléndido en toda su vida.

La abrumadora belleza de las luces reflejadas en el agua, borró todos los pensamientos negativos. Todos los espectadores chismosos y los traficantes de rumores parecían muy distantes ahora. Ni siquiera le importaba lo enojado que iba a estar su padre cuando se enterara de eso.

Candy recorrió con la mirada el río, tratando de asimilar de detalle, memorizando cada parte de él. Cuando se dio cuenta de que estaba mirando directamente al príncipe, y él le devolvió la mirada, se tocó un lado de la cara por reflejo y supo que había sido un descuido.

Necesitaba decir algo, romper el incómodo silencio que compartían, pero no se le ocurría nada. Escondió sus manos debajo de la sombrilla para que William no notara que jugueteaba con ellas. Sería bueno si él dijera algo, en lugar de solo mirarla con esa pequeña y suave sonrisa suya. Lo vio soltar una carcajada. Era una risa fresca y suave que rápidamente se llevó la brisa de verano.


***

—Es solo por esa maldita cara que tiene —declaró Archie con celos.

FLOR VENDIDADonde viven las historias. Descúbrelo ahora