Tratados rotos
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Gritos y gemidos penetrantes rompieron la atmósfera sombría de la oficina del rey, llenando la habitación de una tensión incómoda. Arthur Ferguson dejó escapar un suspiro largo y profundo mientras tomaba asiento e intentaba consolar a su angustiada hija.
—Padre, por favor, hay que prohibir el libro —dijo Olivia, con los ojos enrojecidos e hinchados. Las lágrimas corrían por sus mejillas encendidas.
—Primero, creo que necesitas calmarte y pensar —respondió Arthur con tono sereno.
—Se trata de una flagrante violación del tratado —afirmó el príncipe Alexander, que también intentaba tranquilizar a Olivia. Estaba más indignado que Arthur, que sólo mostraba ansiedad contenida.
—¿Qué quieres decir?
—¿Cuánto le pagaste a Fairsfren para guardar el secreto? Sin embargo, han elegido traicionarnos con esto —la voz del príncipe Alexander se elevó, sus ojos ardían con un fuego de rabia y resentimiento.
—¿De verdad estás sugiriendo que responsabilicemos a toda la Familia Real por las acciones de la hermana de Gabriel Owen?
—El libro fue publicado en Fairsfren, ¿no es así? Deberían rendir cuentas por no haber impedido su publicación.
Entre los arrebatos del príncipe y los sollozos desesperados de la princesa Olivia, la habitación se convirtió en una cacofonía de emociones. Arthur no pudo evitar pensar en el acuerdo militar que había favorecido a Fairsfren, así como en la concesión del comercio marítimo y los derechos de extracción de recursos en los territorios disputados con fiereza. William De Ardley había recibido innumerables beneficios a cambio de encubrir la infidelidad de Olivia, y al recordarlo, Arthur sintió una punzada de desconcierto.
La única razón por la que había aceptado tales condiciones era para mantener en secreto la vergüenza de Massvrill. Si las facciones republicanas llegaban a enterarse del engaño, se habría desatado una terrible agitación interna.
Además, mantener la alianza con Fairsfren, su vecino y aliado más importante, era vital. Fairsfren había calculado cada movimiento con frialdad, consciente de que la familia de Massvrill sería la más perjudicada.
—Fuimos demasiado descuidados. No había manera de que esto permaneciera en secreto para siempre. Debería haberle prestado más atención al señor Owen —murmuró Arthur, recostándose en su silla.
Cuando Gabriel Owen se suicidó, Arthur sintió alivio. El poeta había sido enterrado, y creyó que con él se enterraba también el secreto. Nunca habría imaginado enfrentarse a algo como esto.
Su hermana había llevado los poemas y cartas de Gabriel a Olivia, y luego los había publicado, revelando al mundo su intercambio de amor, el nacimiento del niño y el suicidio final del poeta.
El libro ya causaba revuelo en Fairsfren y cruzaba los mares. Aunque destruyeran cada ejemplar, los rumores ya se esparcían como fuego en campo seco.
La historia de la princesa nacida en Massvrill, casada con el príncipe heredero de Fairsfren mientras llevaba en su vientre al hijo de un poeta de la corte, era suficiente para captar la atención de todos los medios.
A pesar de estar al tanto de los hechos, el príncipe heredero asumió la culpa y abdicó del trono. Aceptó el rol de villano, y ahora todos los periódicos revelaban la verdad con titulares sensacionalistas.
—Padre, te lo imploro, preserva el honor de mi hijo y el mío —sollozó Olivia.
Se arrodilló ante su padre, suplicando que protegiera su dignidad y la de la Familia Real. Al contemplarla, Arthur sintió una oleada de remordimiento.
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FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
