Una sirena en el puente
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Caminó lentamente por el pasillo vacío. William no se sintió mal por lo que había acabado de hacer; el degenerado de Heinz había hecho pasar un mal rato a Candice, y él solo había aprovechado la oportunidad para descargar toda la irritación que le había dejado la conversación con Olivia. Ni siquiera los rumores que pronto se extenderían por la ciudad podían estropear esa satisfacción. Entró en el salón con el candelabro todavía en la mano. Los invitados al verlo se sobresaltaron.
—¡W-William! —La marquesa Renaldi fue la primera en recobrar el juicio y su grito resonó con fuerza—. Después de lo que le hiciste a Olivia desapareciste, ¿qué está pasando?
—Oh, ¿se refiere a esto? —William colocó casualmente el candelabro ensangrentado sobre la mesa frente a su tía—. Solo fue un pequeño enfrentamiento.
—¿Enfrentamiento? ¡Pero qué...! —La marquesa gritó, incapaz de terminar su oración. Otras damas también gritaron al ver la sangre. Entre ellas estaba Olivia, quien estaba sentada en un rincón, rodeada de amigas que intentaban consolarla.
William se dio la vuelta, más satisfecho que nunca por lo que vio. Connor Heinz, cojeando y ensangrentado, se paró en la entrada y atrajo la atención de todos.
Una de las damas rompió la tensión al terminar desmayándose. Aquello sacudió la atmósfera y la fiesta se dividió en dos grupos. Los que terminaron alrededor de la dama desmayada, los que terminaron alrededor de Connor.
Ahora que el momento dramático había terminado, William se cansó de la escena. Haciendo caso omiso de aquellos que lo acribillaban con la mirada, caminó hacia la salida del salón de banquetes.
Antes de retirarse, miró hacia atrás y vio el rostro de la marquesa Elroy Renaldi. La mujer estaba pálida, sus ojos centelleaban por la emoción de una sangrienta batalla en su fiesta.
***
—¡Señorita! ¡Es verdad! ¡Si existen los trofeos de oro como ese! —gritó Lisa emocionada cuando entró al dormitorio.
Candy, que caminaba nerviosamente alrededor de su tocador, se dio la vuelta bruscamente y dejó caer el cepillo que sostenía en la mano. El objeto rodó hasta que tocó los dedos de los pies de Lisa.
—Es una tradición del club social que un caballero que está a punto de casarse haga un trofeo de cuerno de venado dorado y celebre una despedida de soltero —dijo Lisa levantando el cepillo mecánicamente y devolviéndoselo a Candy. Sus ojos brillaban por el placer de contar noticias—. El mejor bebedor, o algo así, lo gana. Hay todo tipo de tradiciones tontas, apostar a la bebida, apostar al oro. Los hombres siempre están haciendo cosas tontas.
Según las investigaciones de Lisa, el hijo del marqués Bergman había mandado a hacer un trofeo de oro y había organizado una gran despedida de soltero. William había sido el ganador. Era bien sabido que el "Príncipe venenoso" había arrasado con todos los premios de la despedida de soltero y se había ganado un nuevo apodo, "El cazador de ciervos dorados". Lisa siguió y siguió, contando todo lo que había oído, y la desesperación de Candy solo profundizó más.
—Pero, señorita, ¿por qué tiene curiosidad por estas payasadas? —Lisa preguntó dubitativa luego de interrumpir su propio relato.
Candy se agarró la falda en un sobresalto.
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FLOR VENDIDA
Lãng mạnLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
