Aquella mañana de dolor
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Cuando la señora Morris abrió la puerta, lo primero que escuchó fue el llanto ahogado de Lisa.
Entró en la habitación aún jadeando por haber corrido, pero lo que vio la dejó sin aliento y la hizo sentir débil. Manchas de sangre salpicaban las alfombras y las sábanas, como huellas acusadoras que recorrían el lugar, causándole un dolor punzante.
La señora Morris envió a Lisa afuera para que tomara un poco de aire y se acercó a Candy, quien estaba sentada en la cama, tratando de recomponerse. Las lágrimas corrían por las mejillas de la Gran Duquesa en un caudal de tristeza incontenible.
—S-sangre... d-de repente... sangre —sollozó Candy.
Desde hacía un tiempo, Candy había sentido dolores intermitentes, pero mientras veía señales de que el bebé crecía bien, se esforzaba por soportarlos. La presencia de William a su lado era un bálsamo; su calma le permitía dormir mejor. Aunque a veces despertaba sola, la idea de que llevaba a un bebé en su vientre le daba consuelo y alegría.
Esperaba a William.
Él siempre repetía para ella la misma rutina.
«¿Puedo sonreír?»
Candy hizo la tarea con calma, como si respirar fuera lo más sencillo, pero cuando una pregunta la sorprendió, entró en pánico. Jadeando, buscó aire y se volvió instintivamente hacia su vientre, acariciándolo. Quería sonreírle a su hijo y encontrar en él algún consuelo.
«Para que a mamá le vaya bien... incluso a ti, por favor.»
¿Odiaba el bebé a su madre? Un grito de frustración escapó de los labios de Candy. Por más que intentara contenerlo, no pudo evitarlo.
—El médico llegará pronto, cálmese —dijo la señora Morris, sentándose a su lado e intentando tranquilizarla.
La voz de la señora Morris sonaba distante, como si hablara desde otro cuarto. Candy asintió débilmente, sollozando, juntó las piernas y trató desesperadamente de detener la sangre.
Tras enterarse de que William había salido, Candy decidió desayunar más tarde. Pero apenas dio un mordisco, el dolor volvió con fuerza. Su corazón se aceleró por la ansiedad y decidió recostarse, esperando que la tensión disminuyera.
A pesar del dolor, sentía que su hijo se las arreglaba bien, tenía la fuerza de su padre. Ese pensamiento le dio algo de esperanza: debía estar bien, tenía que estarlo.
Después de un rato, el dolor bajó de intensidad. Cuando se levantó para abrir las cortinas, sintió algo cálido correr por su pierna. Se dio cuenta con horror de que tenía el pie empapado en sangre.
—William...
Tocó el timbre frenéticamente y gritó su nombre. Sabía que él no estaba allí, pero al pronunciarlo, buscaba proteger a su bebé.
—William...
El dolor se intensificó y Candy gritó con más desesperación, esperando que él llegara. Si pudiera venir y decirle que todo estaría bien...
Aunque las cosas no fueran a salir bien, tenerlo a su lado sería suficiente. El miedo y el dolor eran insoportables, y deseaba verlo.
—Alguien ya fue a informar al príncipe. Llegará pronto. Espere un poco más, alteza, todo estará bien —dijo la señora Morris con voz temblorosa.
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FLOR VENDIDA
RomansaLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
