El precio de una apuesta
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William permaneció en silencio, escuchando con atención. Las palabras, difíciles al principio, se deslizaron de los labios de Candy como una cascada. Ella juntó sus manos frías, intentando calmar los latidos agitados de su corazón.
El día que fue a ver a William y le pidió que la acompañara al altar, ya había tomado una decisión: elegirlo a él antes que a su padre. No quería verse dividida entre la lealtad filial y el compromiso de ser la esposa de William.
Candy dudó en preguntarle al principio, dominada por la desesperación. Sabía que no tenía nada de qué avergonzarse, pero fingió ignorancia. Deseaba con todas sus fuerzas aferrarse a lo único que sabía que podría brindarle consuelo, incluso si para ello debía engañarse a sí misma.
—En el festival, la noche de la competición de remo, se hizo una apuesta: quien viajara conmigo en el barco ganaría un premio. Yo fui ese premio... lo que significa que solo me sedujiste para ganar. Quisiera creer que no te casaste conmigo por eso.
La tristeza amenazaba con ahogarla, pero logró contener las lágrimas.
—Quiero creer que no me elegiste por una apuesta infantil. Tal vez fue porque no querías que te asociaran con la princesa Olivia... o para evitar que la gente hablara mal de ti, y yo simplemente estaba en el lugar correcto, en el momento adecuado. Alguien a quien pudiste usar como escudo. Entonces me convertí en tu trofeo... ¿es por eso que decidiste casarte conmigo? Por lo único seguro que podía ofrecerte como esposa.
Avergonzada y dolida, forzó una sonrisa en medio de la tristeza, esperando que eso bastara para no romper en llanto. No quería provocar el enojo de William, y mucho menos terminar la conversación que había reunido el valor de comenzar.
—¿Entonces? —preguntó él.
Inclinó la cabeza hacia Candy, su expresión era tranquila, casi indiferente. Para ella, estaba claro que William comprendía de qué hablaba. Se sintió vacía y patética. Para colmo, las náuseas matutinas persistían, aumentando su malestar.
¿Habría hecho William lo mismo si no estuviera embarazada? Instintivamente, colocó las manos sobre su vientre, como en señal de agradecimiento al hijo que llevaba. Su barriga aún no se notaba, pero ella ya percibía el cambio.
—Entonces... quiero decir —se secó los ojos—, si por eso me elegiste como esposa, ahora que ya no puedo ofrecerte ningún beneficio, significa que solo soy otra carga. No he hecho más que causarte pérdidas, someterte a críticas, complicarte la vida.
—¿Entonces, Candy? —William frunció el ceño, cruzándose de brazos.
—Si de verdad te sientes así, no volveré a pedir tu amor ni a codiciar este lugar a tu lado.
—¿Perdón?
—Quiero decir que aceptaré si quieres divorciarte de mí.
Luchar contra las lágrimas era casi imposible; sus ojos ardían, su respiración se volvía inestable.
—¿Divorcio?
—Dime la verdad, William. Dime lo que realmente hay en tu corazón y yo te responderé con la misma honestidad —dijo entre lágrimas.
William se vio asaltado por una mezcla de emociones contradictorias mientras la miraba. Candy, hermosa en su dolor, le parecía tan inocente que rozaba lo absurdo. Aquella escena, que debería conmoverlo, despertaba en él una exasperación incomprensible.
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FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
