¿Tomamos el té?
━━━━ ❈ ━━━━
Las flores florecieron en las yemas de los dedos de Candy mientras cortaba y pegaba los pétalos. Sus movimientos eran mecánicos mientras Lisa la observaba, ésta última se mostraba llena de asombro al ver a su señora hacer hermosos ramilletes.
Candy pasaba sus días encerrada en la mansión White, a petición de su padre, quien le había prohibido salir hasta que todas sus heridas sanaran. Lisa había estado preocupada por ella, ya que constantemente se la pasaba mirando a la nada, pero le aliviaba saber que al menos se mantenía ocupada.
—Oh, lo siento, Lisa, espero que no hayas esperado mucho —dijo Candy, notando la presencia de Lisa.
Cuando colocó con amor la rosa recién terminada en su caja, completó otro pedido. Tenía tres veces más pedidos esta semana que la semana pasada.
—Creo que ya ha terminado, señorita —dijo Lisa.
Lisa miró a Candy con aprensión. Los cortes y moretones de la golpiza de su padre se habían curado por completo, pero Candy todavía se veía demacrada, principalmente por todo el trabajo extra que hacía por las noches.
—Necesita dormir —añadió Lisa.
—No te preocupes, estar encerrada no es aburrido si te concentras en tus pasatiempos. —Candy sonrió.
Lisa pasó por alto la conversación con una sonrisa y recogió el próximo paquete que iría a la tienda departamental. Cuando se fue, Candy se quedó sola en la habitación silenciosa. Sentada en su escritorio situado debajo de la ventana, miró hacia afuera, a las flores marchitas. Le hicieron darse cuenta de que el verano terminaría pronto, su calvario terminaría pronto.
Como un reloj, Candy volvió a repasar los números, contando los días que faltaban hasta la fecha que le había prometido Abel. La cita que habían acordado era la única esperanza de su vida en ese momento.
Era un acto desvergonzado, pero había decidido aceptar la ayuda de Abel. Huir en medio de la noche nunca era lo más digno, pero había momentos en los que era necesario hacer una excepción. Fue una lección que le enseñó su padre, ese hombre cruel que le había mentido, que la había engañado para que viniera a la ciudad y beneficiarse de ella. Cuando reflexionó sobre esto, el calor aumentó dentro de ella y pudo sentir que la ira se desbordaba.
Durante su tiempo en la casa, se dio cuenta de que su padre había perdido mucho dinero al ser estafado. Su fortuna se redujo drásticamente y tenía planes de venderla en el mercado de bodas para compensar sus pérdidas. Era un truco superficial que habría visto si hubiera sido tan ingenua, si no se hubiese dejado llevar por la supuesta amabilidad que él le mostraba.
Era una tonta aplastada al final de la cadena alimenticia de un estafador. Estaba enojada consigo misma por ser tan tonta, su orgullo estaba herido y eso no la dejaba dormir. Podía sentir la decepción de su abuelo, que había estado tan orgulloso de lo inteligente que era su nieta. ¡Ja! Vaya inteligencia la que tenía.
Se levantó con determinación, de pie, orgullosa y fuerte. Parecía que iba a saltar por la ventana y volar lejos. Quería despedirse de la ingenua Candy del pasado, quería ser menos complaciente y mirar la adversidad con obstinado desafío.
Se dio cuenta de la pila de cartas en el contenedor. Todas habían sido cartas pidiendo la mano de Lady White, para llevar a cabo rituales de cortejo y otras tradiciones pomposas. ¿Por qué era tan difícil para esos hombres aceptar el rechazo? Había enviado cartas de rechazo a todos los solteros, pero seguían enviándole las mismas cartas aburridas, invitándola a fiestas sociales o espectáculos de fuegos artificiales.
ESTÁS LEYENDO
FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
