Capítulo 106

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Charlotte en el regazo

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—Esto no es propio de Candy; ella no diría tal cosa —dijo la señorita Pony, preocupada por sus palabras.

La baronesa Lanyer la miró con ojos pensativos, pero luego volvió a bajar la vista hacia la carta que sostenía entre sus dedos marchitos.

Era una carta de negativa a la solicitud de visitar a la Gran Duquesa en su residencia. Explicaban que la Familia Real seguía preocupada, lo cual hacía bastante difícil recibir visitas en ese momento. También expresaban su agradecimiento por el apoyo y deseaban paz a la baronesa. Las últimas palabras eran una invitación a "ir a visitarlos durante el otoño".

—Si de verdad la extraña, tal vez podría invitar a Candy a quedarse aquí nuevamente —sugirió la señorita Pony.

—Si pudiera, lo haría.

Después de leer la carta una vez más, la baronesa Lanyer se acercó a la ventana y miró hacia el exterior. Más allá de la valla blanca, los campos se extendían, calentados y tostados por el sol. Hacía tanto calor que la baronesa casi podía imaginar a un niño allá afuera, intentando teñirse el cabello del color del sol.

A pesar de tener a alguien como Elyan White por padre, Candy se había envuelto en una nube de felicidad que parecía capaz de curar cualquier herida. Ahora, gracias a las terribles acciones de su progenitor, había logrado eliminar para siempre a ese monstruo de su vida. De alguna manera, debería estar agradecida por ello.

La noticia de la ruptura entre la Gran Duquesa y su padre causó gran revuelo, incluso en los rincones más apartados del campo. El príncipe William había declarado que Elyan White ya no era el padre de Candy De Ardley, ni tampoco suegro real. Elyan había renunciado voluntariamente a ese derecho y nunca más sería llamado padre de la Gran Duquesa.

El pueblo aún deseaba que la Gran Duquesa, considerada no calificada, renunciara a su cargo. Sin embargo, el príncipe William se mantuvo firme, y su voluntad era tan sólida que resultaba improbable que Candy fuera a marcharse.

Pero por muy fuerte que fuera William, ¿cómo podía Candy mantener la serenidad? Era una joven de corazón tierno, que incluso había sentido pena por compartir el mismo color de cabello que su padre, el hombre que tanto había herido a su madre. Cuando la baronesa recordaba cómo Candy miraba ahora a su esposo, sentía que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Señora, pídale este favor al príncipe —dijo la señorita Pony con una sonrisa—. Cuando visitó Bertford, vi que el príncipe apreciaba mucho a la joven. Así que, si usted propusiera traerla aquí, ¿no lo consideraría seriamente? El príncipe querrá que su esposa esté cómoda.

—Tiene sentido —asintió lentamente la baronesa.

La baronesa Lanyer había confiado a Candy al príncipe William, creyendo que era distinto a los rumores. No obstante, aún algo la inquietaba. Tras observarlos durante la visita de primavera, logró dejar a un lado esas preocupaciones.

William era sin duda un hombre difícil. Aunque había renunciado a la corona, seguía comportándose como un monarca: elegante, orgulloso, sin inclinarse ante nadie. Sus gestos, expresiones y mirada llevaban la impronta de la realeza, lo cual dificultaba a la baronesa tratarlo como si fuera un nieto.

Aun así, no podía evitar ver en él, junto a Candy, a una pareja joven y común. Disfrutaba observándolos y, con frecuencia, lo hacía en silencio. Pensaba que, de haber tenido un hombre como el príncipe William en su juventud, su vida habría sido más pacífica y feliz. La idea le ofrecía cierto consuelo.

FLOR VENDIDADonde viven las historias. Descúbrelo ahora