Mi cama es costosa
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—¿Por qué estás tan callada? —dijo William rompiendo el pesado silencio en la mesa.
—Sólo estoy un poco cansada hoy —respondió Candy con rigidez.
Mantuvo sus ojos en el plato frente a ella, como una niña desafiante, estaba muy enojada. Como siempre, William se rio.
—¿Por qué? ¿Qué hiciste hoy? —Odiaba que Candy se comportara como una niña malhumorada.
—No quiero hablar de eso, yo también tengo una vida privada —apartó la mirada de la mesa.
William terminó su cena y los sirvientes se llevaron los platos vacíos. Se apoyó en el respaldo de la silla y miró a Candy. Normalmente le gustaba hablar hasta por los codos de lo que hacía en su día, pero ahora solo se limitaba a mirar su plato mientras comía, fingiendo que no podía sentir a William mirándola.
—Candy, no deberías desperdiciar tu energía en cosas tan inútiles, deberías concentrarte en hacer lo que te hace feliz. —Fue un comentario duro que hizo que se sintiera amigable por su tono suave y su sonrisa tentadora.
—¿Qué crees que debería hacer? ¿Soy una especie de muñeca que puedes poseer como quieras y cuando quieras? —Las palabras surgieron con esfuerzo, pero Candy las dejó salir.
Cada vez parecía más como si no conociera a William. A veces era un hombre amable y considerado, pero ahora podía ver que probablemente no lo decía en serio o que hacía esas cosas por accidente. Cuanto más se acercaba a él, más difícil era. Parecía que era mejor mantener a William a distancia y permanecer indiferente.
—Esa no es mala idea, ¿por qué no intentas ser ese tipo de esposa? —Inclinó ligeramente la cabeza y mostró una sonrisa maliciosa en su rostro.
—No —dijo Candy levantándose en un instante y arrojando su servilleta sobre la mesa.
Había querido resolver la incomodidad de la relación, pero olvidó que estaba tratando con un hombre completamente despiadado. Un hombre venenoso.
—Sé que me falta mejorar en muchas áreas, pero estoy tratando de hacer un esfuerzo y continuaré haciéndolo.
Había pasado casi medio año desde que se casaron, pero todavía se consideraba esa chica perdida en un mundo extraño. Creía que estaba mejorando, pero ¿todavía le faltaba tanto a sus ojos? O tal vez simplemente nunca tuvo expectativas puestas en ella.
Aunque estaba completamente desilusionada con sus esfuerzos por complacer a su marido, no quería convertirse en una muñeca sin emociones con la que él pudiera hacer lo que quisiera.
—Siéntate, Candy —dijo William en un suspiro.
Fue como anoche, lanzó palabras hirientes y mostró una extraña alegría en su rostro, como si estuviera confirmando que tenía el corazón de esta mujer. Esa secreta alegría suya de verla avergonzada.
—No quiero —dijo Candy frotándose los ojos rojos—. Lo siento, pero estaré ocupada haciendo cosas inútiles. —Candy inclinó la cabeza y se fue, pisando fuerte mientras avanzaba.
Cuando se perdió de vista, William dejó escapar una risa seca. El sirviente se acercó vacilante y dejó un plato de pudín delante de él.
—No, llévatelo —dijo William con un gesto de la mano.
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FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
