¿Me llevarías, por favor?
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Estaba empezando a pensar que él no aparecería y sintió que la decepción la golpeaba como el viento, pero ahora que él estaba ahí, cruzando la habitación hacia ella, sintió que la esperanza se reavivaba en su interior.
Sin embargo, había algo extraño en la forma en que caminaba y, cuando vio a William entrar en el salón, se dio cuenta de que el hombre que normalmente caminaba con tanta gracia y determinación, tropezó con ella.
No tuvo que acercarse demasiado para poder percibir el alcohol que lo rodeaba como una nube invisible. Candy miró sus ojos somnolientos que luchaban por concentrarse en ella.
—Como puedes ver, no estoy en condiciones de almorzar ahora mismo. —William titubeó al decir las palabras. Le sorprendió que pudiera formar una oración coherente.
La esperanza se quemó en el pecho de Candy y dejó espacio para la ira y la decepción. Sabía que tenía que responderle, pero no encontraba las palabras adecuadas. Una parte de ella quería abofetear su cara tonta y borracha, pero el entrenamiento de etiqueta real aconsejaba que una futura princesa no se comportara de esa manera.
Se preguntó si podría conseguir que un sirviente lo hiciera por ella.
William suspiró ante el silencio de Candy.
—¿Esperarás por mí? —dijo— ¿Cenamos juntos?
—¿Esperar? —Candy dudó mientras miraba el reloj en la mesa—. Está bien... cenaré contigo.
Toda la situación era ridícula e irrespetuosa. Candy no tenía que aguantar eso y sabía que debía decir algo, pero ¿cuál sería el punto? Dudaba que William realmente supiera dónde estaba y qué estaba haciendo.
—Bien, entonces... —William se acercó a Candy y susurró—: Señorita White, te compensaré con esto.
William le entregó algo a Candy, algo que había estado sosteniendo todo el tiempo y que Candy apenas notó. Cuando vio lo que era, retrocedió y se llevó una mano a la boca. Un trofeo de asta de ciervo dorado brilló en manos del hombre, esa misma cosa comenzó todo ese lío entre ellos.
Lisa le había explicado la importancia de dicho trofeo, o mejor dicho, la importancia absurda que le daban. Era otorgado al mejor bebedor en la despedida de soltero. Lo que significaba que el príncipe había roto su promesa y había pasado toda la noche emborrachándose por esa estupidez.
Miró el trofeo que el príncipe le había puesto en las manos antes de dirigirse al sofá para acostarse. Lo vio colapsar como un bulto pesado mientras cerraba los ojos.
—¿Qué demonios es esto? —preguntó incrédula.
—Un cuerno de lobo —dijo William adormilado.
Candy se sintió asfixiada.
—Los lobos no tienen cuernos.
William abrió los ojos perezosamente y miró a Candy.
—Supongo que ya no, se los han cortado. —Soltó una carcajada y luego el salón quedó en silencio, excepto por el tictac del reloj y la respiración pesada de William.
«Debería haberte rechazado».
Pensó Candy mientras se dejaba caer en el asiento frente a William. Miró al hombre con el que se casaría la próxima semana. Debía ser una señal, todos estos problemas y dificultades la tenían frustrada, ¿porqué era tan complicado todo acerca de ese príncipe?
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FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
