El invierno tras su partida
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Lisa se presentó en la oficina de la señora Morris esa misma tarde. Aunque en los últimos días su humor había estado sombrío, hoy se percibía especialmente afligida, y nadie sabía con certeza por qué.
—¿Qué sucede, Lisa? —preguntó la señora Morris mientras cerraba con cuidado un libro de contabilidad.
—Quiero irme del Palacio Surwhich —dijo Lisa con firmeza en la voz y el rostro decidido.
—¿Qué estás diciendo? —replicó la señora Morris, entrecerrando los ojos.
La mirada aguda de la anciana parecía atravesarle el alma, retándola a confesar algo más. Pero Lisa no titubeó. Enderezó la espalda y dio un paso adelante.
—Quiero regresar a la mansión Lanyer. Quiero volver con mi señora.
—¿Regresar a Lanyer? ¿Acaso Su Alteza aprobó eso?
Lisa se frotó las manos con nerviosismo, tratando de contener las lágrimas. Había recibido una carta de Candy dos semanas atrás, disculpándose por haber partido sin despedirse y agradeciéndole sinceramente todo lo que compartieron. En esa misma carta, Candy le pedía a la señora Morris que, si era posible, le buscara trabajo a Lisa o la recomendara a otra familia.
—No sé si ella planea volver —dijo Lisa, bajando un poco la voz.
Aunque todos esperaban que la Gran Duquesa regresara, Lisa había esperado en vano, y ahora se encontraba al límite.
—Si no deseas quedarte, puedo escribirte una carta de recomendación. Fue lo que Su Alteza solicitó.
—No —interrumpió Lisa, sacudiendo con fuerza la cabeza—. Iré a Lanyer, por favor.
—¿Piensas desobedecer una orden directa de Su Alteza?
—Oh no... creo que Su Alteza me pidió que nos volviéramos a encontrar.
Lisa sacó la carta cuidadosamente doblada y se la entregó. Era, sin duda, la letra de la Gran Duquesa: pulcra, delicada, inconfundible.
—Lisa...
La señora Morris leyó con atención, y una leve sonrisa suavizó sus labios. En la carta, Candy mencionaba que se reencontrarían cuando todo estuviera en calma. La anciana suspiró con pesar.
Se levantó y se acercó a la ventana. Desde allí, el jardín lucía desolado. Tal vez había llegado el momento de abandonar toda esperanza de un pronto regreso.
En ambas cartas, tanto a ella como a Lisa, no había una sola mención de William. Ni siquiera una línea de cortesía o una muestra de interés sobre su trabajo como Gran Duquesa.
Frotándose las sienes, la señora Morris se volvió hacia Lisa, quien la observaba con determinación y el ceño ligeramente fruncido.
—Está bien. Puedes irte.
Lisa quedó inmóvil un instante, sorprendida por la falta de oposición. Luego, la sorpresa se transformó en júbilo.
—Gracias... gracias de verdad.
—Pero hay condiciones —agregó la señora Morris, volviéndose con autoridad—. Hay algo que debes hacer por mí.
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FLOR VENDIDA
RomansaLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
