Para mi esposa
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La suave nevada proyectaba sombras ondulantes sobre las flores y las cartas escritas a mano.
Una vez que Lisa se marchó, Candy se sentó a la mesa y contempló la carta junto al ramo. Todo le resultaba extraño. Sabía que eran de William, pero no lograban parecerle reales. Había algo incómodo en observar aquellos obsequios desconocidos, tan ajenos a la personalidad de quien los enviaba, como si provinieran de un extraño y no de su esposo.
Permaneció sentada un rato más, atrapada en el silencio opresivo de la habitación, hasta que finalmente dejó escapar un suspiro de resignación y abrió la carta.
[Para mi esposa.
Lamento haber comenzado esta carta con una nota tan desagradable, pero, para empezar, debo disculparme por haber arruinado sin querer tu cumpleaños. Mis intenciones eran expresar lo más profundo de mis sentimientos por ti, pero parece que ese mensaje no logró llegar.
Es incomprensible que el príncipe de Fairsfren y presidente del Banco de Freyr le obsequie a su esposa algo sencillo, al menos, en su cumpleaños. Me gustaría que consideraras esto desde mi punto de vista. Por supuesto, reconozco mi error al no haber sido considerado y al centrarme únicamente en expresar mis sentimientos. Por favor, no me malinterpretes.
Aun así, deseo felicitarte por tu cumpleaños y espero que puedas apreciar el pequeño regalo que te compré. No sé expresarme de otra manera que no sea a través de obsequios, y puedo ver que este enfoque podría ser erróneo, pero, aun así, quise presentarte algo en este día.
Espero que disfrutes una cena de cumpleaños con la baronesa. Yo no estaré presente. Deseo que hoy sea un día feliz tanto para ti como para ella, a quien veo que aprecias profundamente.
Tu marido,
William De Ardley]
Candy dejó escapar un suspiro de desconcierto. Era la primera vez que recibía una carta como aquella y le costaba encontrarle sentido. Para empeorar las cosas, la letra —increíblemente elegante y estilizada— de William volvía gran parte del texto casi ilegible para ella.
Se tomó un momento para recomponerse, observando la nevada a través de la ventana, y luego volvió a leer la extraña carta. Cuanto más la analizaba, más absurda le parecía. Una cosa, sin embargo, quedaba clara: las afirmaciones de la princesa Olivia sobre las supuestas cartas hermosas de William eran falsas.
Candy dejó la carta sobre la mesa como si fuera un aviso de desalojo o un desafío silencioso. Al mirar el reloj, esbozó una sonrisa vacía al notar que ya era hora de cenar.
—Muy bien, eso debería ser suficiente —dijo Lisa, dando un paso atrás para admirar su trabajo.
Candy se sentó frente al espejo y se observó con detenimiento. Ajustó ligeramente su atuendo; no le agradaba cómo caían algunos pliegues ni la posición de las cintas. Llevaba el cabello recogido y un vestido algo más formal de lo habitual. Aun así, se sentía demasiado arreglada. Era la primera vez que se vestía como una dama desde su regreso a Bertford.
—Se ve absolutamente impresionante, Su Alteza. De verdad brilla como las estrellas —dijo Lisa, notando su inseguridad y ofreciéndole palabras de ánimo.
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FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
