Duelo de un amor
━━━━ ❈ ━━━━
Archie chasqueó la lengua con fastidio mientras observaba a William arrastrar, una vez más, un enorme montón de fichas hacia su sector de la mesa. La victoria que acumulaba no podía describirse de otra forma que no fuera milagrosa; nadie con juicio habría apostado a que un solo hombre ganara tanto y tantas veces seguidas.
Sin embargo, ese no era el verdadero problema. Los presentes, inquietos y sudorosos bajo la luz amarillenta de las lámparas, estaban menos preocupados por la suerte de William y más aterrados por el momento en que la Gran Duquesa regresaría. A cada minuto que pasaba, la tensión subía como la espuma y amenazaba con partir el club social en dos.
—Oh... ¿ya es la hora? —murmuró Stear, echando un vistazo a su reloj de bolsillo.
Apenas eran las diez, y aun así, Stear sentía que había envejecido años enteros en la mesa. No estaba particularmente afortunado esa noche, y si la desgracia continuaba al ritmo marcado por William, su modesta fortuna desaparecería como humo de chimenea.
William lo miró de reojo. Fue una mirada fría y cortante, tan precisa como una hoja recién afilada. Stear, de pronto, recordó aquel pobre diablo de Connor Heinz... y cómo había terminado casi muerto a golpes bajo las manos de aquel mismo par de ojos helados.
—Ajajá... ¿seguimos o qué? —intentó decir Stear, tragando su nerviosismo mientras volvía a sentarse.
William no respondió. Solo apuró lo que quedaba del brandy y dejó el vaso sobre la mesa con un ruido seco. Su cabello, largo y descuidado, le caía sobre la frente, acentuando ese aspecto feroz, casi salvaje, que había adoptado en las últimas semanas. Ordenó otra bebida y otro cigarro a uno de los sirvientes, sin siquiera mirar a quién hablaba.
—¿Qué hace aquí? —susurró Archie a Stear.
—Si te da curiosidad, pregúntale —contestó Stear, sin apartar la vista de sus propias cartas.
—¿Para terminar como Heinz? No, gracias.
William llevaba semanas refugiándose en el club social. Si no estaba jugando, estaba bebiendo hasta desmayarse en un sofá, como si la vida no fuera más que una sucesión de noches interminables. Era el príncipe que siempre había dado problemas, sí, pero nunca había caído tan bajo. Nunca había sido... así.
La gente lo comprendía un poco más desde que se supo la verdad sobre la princesa Olivia, pero nadie podía justificar este nuevo William, este que parecía un animal herido y dispuesto a destrozar a cualquiera que lo mirara dos segundos de más. Nadie se atrevía a preguntar tampoco; bastaba recordar el rostro destrozado de Heinz para que todos guardaran silencio.
El juego avanzó entre murmullos, jadeos y respiraciones tensas. Era evidente quién ganaría. Incluso con el brandy afectando su juicio, William seguía leyendo la baraja como si pudiera ver a través de ella. Si la noche continuaba así, todos quedarían en la ruina.
Y entonces ocurrió lo impensable.
William soltó una carcajada. No un suspiro, no una sonrisa amarga... una carcajada limpia y fuerte que heló la sangre de todos.
Sin decir una palabra dejó las cartas sobre la mesa, como si se rindiera.
—Oye, William, ¿qué pasa? ¿De verdad quieres dejarlo así nomás? —preguntó Archie, incrédulo.
ESTÁS LEYENDO
FLOR VENDIDA
RomanceLady Candice es lanzada al mercado matrimonial tras ser engañada con la promesa de que si accedía a ser una debutante, podría conservar la propiedad de sus abuelos, los barones de Lanyer, quienes estaban en una precaria situación financiera. El prí...
