Rüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
La noche anterior a su cumpleaños se sentía triste. No le apetecía nada que amaneciera para convertirse en mayor de edad y por lo tanto en la diana humana de aquel castillo del terror. Después de cenar,aún estando agotado por el trabajo en las obras del gimnasio y por las clases de Angus, se escaqueó al aula de música para tocar un poco el piano a solas, porque lo echaba de menos. La única que lo usaba ahora era Sophie, que tocaba por su cuenta desde que despidieron a Hans. Le propuso la vieja que él lo sustituiría pero,tras el secuestro ya no volvieron a sacar el tema y la pobre Sophie se había quedado sin uno y sin el otro.
Estaba perfectamente afinado. Estuvo tocando algunas piezas lentas,no estaba con ánimos de tocar nada bailable. Se pasaba los días buscando ocupaciones que lo llenaran, pero seguía sintiéndose vacío por dentro. Su cleptomanía había estado dormida durante demasiado tiempo. Era hora de despertar al chico invisible que no conocía muros que pudieran retenerlo y hacer una visita a la torre que se erguía sobre los cadáveres de sus antepasados. Y echó a correr escaleras arriba. Pero estaba tan cansado que no se sentía capaz y al final, frustrado, se metió en su habitación a intentar dormir para soportar un día que le gustaría borrar del calendario todos los años, pero aquel más todavía.
El día de su cumpleaños había un gran alboroto por los pasillos de la casa.Durante todo el trayecto desde su habitación hasta la cocina, donde solía desayunar a solas, puesto que era demasiado pronto para hacerlo con sus tías y primas, cada empleado que se cruzó en su camino lo miró raro. Y si iban en parejas o en grupos, cuchicheaban y se reían. Estaba claro que no era un secreto que aquel día fuera su cumpleaños pero no entendía porqué no se limitaban a felicitarlo sin más. No entendía a qué venían los cuchicheos y las risitas. Se dirigió a las obras de la piscina pero, cuando se disponía a saludar a sus compañeros albañiles vio atónito, a través de los grandes ventanales, que su rebaño estaba en la rotonda de la entrada. Con su perro pastor y un pastor de verdad.Muerto de curiosidad, y con un nudo de alegría en el estómago que hacía mucho tiempo que no sentía, fue corriendo a ver qué hacía allí.
El pastor le explicó que le habían comprado el rebaño y le dio las instrucciones básicas para salir a pastorear y las ordenes que debía darle al perro para que este fuera eficaz en su trabajo. Hasta le regaló un silbato, para no tener que ir dándole gritos. Le hizo una demostración allí mismo, delante de todos los albañiles, para fardar de la única cosa que sabía hacer bien. Era fantástico ver como aquel chucho, que parecía muerto de hambre, era capaz de empujar el rebaño en una dirección concreta, hacerlo dar la vuelta a la rotonda, apelotonarlo en las escaleras de la entrada, volverlo abajar hasta el camino y traerlo de vuelta con sólo los toques del silbato y alguna que otra voz. Rüdiguer se quedó impresionado. Y sonrió como hacía tiempo que no sonreía. Su abuela y sus primas,madrugando más que de costumbre, junto con algunos empleados curiosos, salieron también a ver el espectáculo. No entendían que pudiera hacerle tanta ilusión, para ellas sólo eran un puñado de bichos apestosos que no traían más que pulgas y moscas y no sabían valorar las habilidades de aquel perro joven pero obediente y trabajador llamado Lula y que en realidad era hembra.
El capataz le dio el día libre porque sabía que ya tenía bastante faena intentando dominar a aquel puñado de bolas de lana con patas.Se pasó toda la mañana hablando con el pastor, empapándose bien de cada conocimiento necesario para mantener su rebaño. Lo que comían,la época de la esquila, sus costumbres, sus horarios, donde dormirían. Esto último lo preocupaba bastante puesto que no había pensado en ello porque tampoco había pensado que realmente se lo fueran a regalar. Si lo hubiera sabido se hubiera preocupado de fabricarles un corralito con estacas. Y ahora se encontraba con un rebaño que cuidar y ningún sitio donde alojarlo.
Cuando el pastor se marchó, condujo a su rebaño hacia la parte trasera de la casa y lo dejó pastorear allí libremente mientras fue corriendo a construir un cercado provisional. Le pidió la motosierra a uno de los jardineros, el más viejo, que se jubilaba a final de mes, y como no tenía ni idea de cómo se manejaba le pidió también algunos consejos. El jardinero no sólo le dio los consejos sino que se ofreció para ayudarlo, llevando consigo al joven aprendiz que había contratado su abuela para sustituirlo. Fueron al bosque que se extendía en la parte trasera de la casa y eligieron dos pinos jóvenes, de tronco flaco, pero bastante altos. No hacía falta que fuese muy grande porque el rebaño apenas contaba con quince cabezas. Sebbe, el viejo jardinero, estaba casi tan entusiasmado con el proyecto como Rüdiguer. Per, el aprendiz de jardinero con el pelo tan liso y tan rubio que parecía casi blanco, que apenas contaba con dieciséis años, pocas ganas de estudiar y muchas de trabajar para ganarse su primer sueldo y fundírselo en una buena juerga, ayudaba en lo que podía porque, ni tenía idea alguna, ni sabía qué hacer,y encima era un tirillas. Bueno, como Rüdiguer y Sebbe, que ninguno estaba cachas. Le vinieron a la mente Nathan y Ulrich. Ellos sí que estaban fuertes. Pero se conformó con la ayuda que le habían ofrecido tan desinteresadamente y que tanto les agradeció.
Para la hora de comer quedaba sólo un pino por trocear en partes iguales que el anterior, para poder trabajar mejor con las estacas. Sebbe y Per se fueron a comer pero él se quedó. Necesitaba terminarlo cuanto antes y ni siquiera tenía hambre pensando que su rebaño estaría por ahí desperdigado por todo el perímetro de la casa, campando a sus anchas y comiéndose las flores del jardín dela entrada. Así que, cuando los hubo troceado, torpemente, porque aquella motosierra pesaba un quintal, y tras sufrir algún que otro accidente sin importancia debido a su torpeza en el manejo del aparato en cuestión, fue corriendo a buscar a Angus para ver qué vehículo le podía prestar para transportar todas aquellas maderas.Pero en el garaje había un montón de coches de lujo y ni uno sólo de batalla. Sin embargo vio aparcada una furgoneta en el parking delos empleados no internos. Era una Renault Express roja, bastante vieja, pero que le vendría de perlas para su propósito. Angus, en un intento de ayudarlo fue a averiguar a quien pertenecía mientras él intentaba reorganizar su rebaño, contando las cabezas una y otra vez porque no se estaban quietas y le hacían perder la cuenta, y buscando las que le faltaban por los jardines de la entrada, que era lo más goloso para ellas. Se habían comido todo un seto de margaritas. Esperaba que su abuela no lo echara en falta. Estaba tan preocupado que ni siquiera se paró a pensar que sus primas se estaban partiendo el culo tras los cristales de las ventanas del comedor, viendo como intentaba rescatar a sus ovejas perdidas.
Condujo el rebaño hacia el bosque de la parte de atrás de la casa nuevamente, hasta donde se unía con el lago para que tardaran más en llegar de nuevo a la rotonda de la entrada que al parecer tanto les había gustado. Luego se reunió con Angus que venía acompañado por una chica de unos veintitantos años, llamada Alice, con el uniforme de camarera, y que resultaba ser la propietaria de la Renault Express. La famosa Alice de la que había oído comentar a Stephy e Inna, en sus arranques de celos, que estaba buenorra, según sus propias palabras. Y era verdad.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
No sé por qué, a veces wattpad me junta algunas palabras al publicar. Y eso me molesta mucho porque da la impresión de que no sé escribir, XD.
Y también porque luego tengo que perder el tiempo rectificándolas.
Espero que en este capítulo no lo vuelva a hacer, pero si se diera el caso, pido disculpas por adelantado.