Rüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
En la siguiente cita, las hermanas se disculparon por su comportamiento. Rüdiguer flipaba en colores. ¡Pero si no le habían hecho nada! No tenían de qué disculparse. Los padres argumentaron que en todas las parejas hay diferencias y discusiones pero luego viene la reconciliación. A saber qué mentiras les habrían contado el par de arpías para conseguir que volvieran a quedar. Aquella vez Rüdiguer lo tuvo claro. Tendría que someterla a alguna prueba humillante de las que sus amigos le habían sugerido en sus reuniones.
Las llevó a la cocina, a las dos puesto que eran inseparables, y les dijo que tenían que preparar algo de comer para cuatro personas en menos de una hora. Las encerró allí, solas, y se fue. Por supuesto todo estaba organizado. Había colocada una cámara estratégicamente y se subió a la habitación del ordenador donde ya estaba Per y Ulrich supervisando el experimento. Además les había dejado encendido el hilo musical con sus canciones favoritas para ver cómo reaccionaban. Las dos hermanas no sabían por donde empezar y se pusieron a discutir entre ellas. Al final la pequeña se puso a aporrear la puerta y la mayor rompió a llorar de impotencia. Pasaban mucho de la música y eran incapaces de hacer algo de comer. Todo se lo daban hecho y no sabían ni por donde empezar. Ni siquiera se molestaron en buscar algún ingrediente o alguna cacerola. Rüdiguer empezó a ver la luz al final del túnel. Aquella grabación la guardaría como testigo de la incapacidad de la candidata. Y pensaba someter a las otras a la misma prueba. Así luego podría demostrar los motivos por los que las rechazaría, aunque sonase muy machista y anticuado.
Entre cita y cita, en las clases de español o en las partidas de póquer de los jueves no paraba de comentar con sus amigos la mejor manera de largarse de allí sin cerrarse ninguna puerta. La opción más aconsejada era pedirle permiso a su abuela para irse a Mallorca de despedida de soltero, como hacían tantos compatriotas suyos últimamente. El problema era que, para irse de despedida de soltero primero tendría que comprometerse y Katherine había quedado descartada definitivamente tras la humillación de la cocina. Le quedaban las otras dos. Así que pensó que, antes de someterlas a la prueba de la cocina tendría que tantearlas para ver si podrían llegar a un acuerdo que favoreciera sus planes, compensando a la chica de alguna manera, claro, por la humillación que supondría dejarla plantada a pocos días de la boda.
Cuando sus primas vinieron de las vacaciones no tardaron ni una noche en ir a visitarlo a su habitación para que les contara qué tal había ido la cosa con la finolis aquella y Rüdiguer les estuvo explicando brevemente lo sucedido sin poder evitar reírse de la pobre chica.Aquella vez no fueron sólo Steph y Inna, como era lo habitual. Sophie y Mikaela también se habían unido al club de las confidencias y eso a él lo colmaba de orgullo porque había sido capaz de ganarse su amistad, y no había sido fácil. Por supuesto,con la convivencia en el pisito de Estocolmo, sus lazos se habían estrechado bastante, aunque por culpa de su depresión había estado un tiempo como ausente, pero luego las cosas volvieron a su cauce. A Inna sin embargo se la tenía ganada desde el primer día. No obstante le gustaba compartir con ella su afición a la música. Ella tocaba el violín, como su madre, y alguna vez quedaban para tocar juntos, acompañándola con el piano, llegando a componer varios temas de su cosecha propia. En algunos de ellos habían colaborado Sophie con otro piano y Steph con la batería que él se había comprado para su último cumpleaños, para darle un toque más moderno y que no fuese la típica música clásica de sus abuelos.Por supuesto los grabaron en un CD para poder escucharlos en cualquier parte o ponérselos en el hilo musical, o mientras Inna trabajaba, para que las clientas se relajasen. Porque Inna había abierto un centro de estética en Orebro y, aunque estaba en sus comienzos, la cosa no iba mal porque sus amigas y el boca a boca eran su mejor aval.
Sophie,por su parte, se había apuntado a cursillos de contabilidad asesorada por él, que siempre pensaba en ellas a largo plazo, para que, llegado el día, pudiera sustituir al contable que le sacaba el dinero a su abuela. Tenía que darles una ocupación a todas ellas de manera que el condado siguiera siendo productivo cuando él se fuese. Marie se encargaba de los asuntos legales, patentes y marcas, que para eso había estudiado derecho mercantil, aunque más de una ocasión tuvo que ejercer de abogada del condado para defenderlo ante denuncias de los envidiosos de los condes vecinos, que no querían que la cosa prosperase. Eleonor se encargaba de las inversiones y las finanzas, buscando patrocinadores o colaboradores para sus proyectos,o invirtiendo en negocios despuntantes, incluso en bolsa, en estrecha colaboración con Sophie. Steph se encargaba de la informática,creando programas de gestión y páginas web donde todo el mundo pudiera ver lo que hacían allí y poder expandirse fuera de sus fronteras. Mika sería, cuando terminase sus estudios, la relaciones públicas del condado. Ella se encargaría de la publicidad, salir en la tele y hacer anuncios de radio. La chica tenía un don especial para venderse. Les vendería cubitos de hielo a los habitantes del polo norte. Indre había empezado a estudiar diseño gráfico, en un principio para diseñar interiores que es lo que a ella le gustaba,pero también para colaborar con sus primas diseñando páginas web o carteles publicitarios. Maja todavía era muy joven para saber lo que quería hacer con su vida, pero era una negociadora nata y, si se metiera en política no tardaría mucho en trepar hasta puestos relevantes. Pero eso ya dependía de ella. Rüdiguer las orientaba según sus gustos y lo que se les daba mejor, pero no podía obligarlas a estudiar algo que no les gustase porque a la larga no daba buenos resultados. Eligiesen lo que eligiesen, ya buscaría él una manera de aplicar sus conocimientos en beneficio del condado en caso de que nadie quisiera darles trabajo. Ellas siempre tenían la última palabra. Jamás les impondría su voluntad como había estado haciendo su abuela toda su vida.
Por supuesto la vieja Inna no las veía capaces de sacar el condado adelante, para ella eran solo unas niñas que jugaban a ser mayores.Pero Marie ya le había tapado la boca varias veces ganando los juicios a los que se había enfrentado y Eleonor había conseguido patrocinadores importantes para expandir el negocio de los productos con denominación de origen. A su abuela lo que le jodía realmente era ver que las ideas de Rüdiguer estaban dando fruto y ella no había sabido hacerlo mejor en sus años de eterna regente. Eso la carcomía por dentro, tanto que en un par de años había envejecido y se había estropeado rápidamente. Cuando Ingrid era pequeña todavía, la vieja se cayó del caballo y se rompió la cadera y,aunque la operaron muy buenos médicos, nunca quedó bien del todo y ahora, conforme iban pasando los años, sus huesos viejos se resentían hasta el punto de tener que valerse de un bastón para poder caminar más cómodamente. Pero en el fondo era porque le gustaba hacerse la mártir para llamar un poco la atención.
Por otra parte las chicas estaban contentas porque veían un futuro prometedor para sus vidas, o por lo menos un horizonte al que llegar,y eso se notaba en los ánimos, hasta tal punto que Anna y Lisa, que nunca quisieron trabajar, fueron a hablar con Rüdiguer para ver si podían ser útiles en alguna cosa. En un principio no sabía qué ocupación darles porque las veía muy señoras, pero después, y por eso mismo, les encargó tareas de representación. Ellas, con su educación y estilo clásico, darían una imagen sofisticada y elegante a los promotores y colaboradores de sus negocios. Y aquello pareció encantarles. Por fin tenían una ocupación, algo en qué pensar que no fuese en sus maridos e hijos muertos. Rejuvenecieron diez años cada una. Se preocuparon por su aspecto, asesoradas por Inna, y se implicaron plenamente en los proyectos que tenían entre manos para poder convencer a los patrocinadores o clientes. Rüdiguer se quedó muy sorprendido con el cambio, hasta el punto de arrepentirse de no haber hecho todo aquello unos años antes.
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