117. La actuación

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No tardaron en llamar a la puerta. Abrió ella, el espacio justo para que cupiera el cubo con hielo donde venía la botella de champán y dos copas bien frías. Lulú descorchó el champán con suma habilidad y llenó las copas. Rüdiguer volvió a sentarse en la silla y Lulú invadió la cama, tumbada como si fuera un emperador romano en una de sus cenas-orgías.

—Explícate —Insistió él—. ¿Porqué ella sí se acerca al tipo ese?

—Caramba, chico —protestó ella por volver al tema—. Cualquiera diría que eres su marido.

—Ya te he dicho al principio que soy muy fan suyo —aclaró para persuadirla de que continuara con lo que había dejado a medias y al parecer no le convenía nada contar, dadas las largas que le estaba dando. Tal vez había hablado más de la cuenta y ahora se estaba arrepintiendo sin saber cómo solucionarlo.

—Está bien —dijo finalmente resignada, tras sopesar un buen rato si seguir hablando o no, mientras observaba las burbujas del champán ascender desde el fondo de la copa—. Ella no es como nosotras, si eso te tranquiliza. Vamos, que no es puta. Es como una especie de... "dama de compañía" hablando finamente. No se acuesta con los clientes, por norma general, porque me imagino que en el precio estará todo y alguna que otra yo creo que sí que terminan así, pero en un principio no tienen porqué. Simplemente acompañan al caballero que les paga a sus fiestas, congresos, banquetes, o donde coño quiera que vayan, para que los vean bien acompañados —Pegó un trago de champán nada elegante en el que se bebió casi hasta media copa—. Para eso hay que tener una educación y una cultura. Tienen que tener tema de conversación y saber comportarse. Muchas hacen cursillos de protocolo y todo —añadió, con tono de desprecio.

—Entonces... ¿suele venir mucho por aquí?

—¿Quién? ¿Esa? —dijo refiriéndose a Jowy—. Ah, a esta no la había visto antes. Por lo general contratamos los espectáculos a una agencia y ellos nos envían lo que les pedimos. Normalmente viene una chica morena, muy alta, que es un putón de pies a cabeza, y cobra un huevo por rozarse con ella siquiera, pero nos han dicho que no estaba disponible hoy. Estará por ahí, trajinándose a alguno de la convención esa que hay de no sé qué —Y se bebió lo que le quedaba de champán de un trago.

Saber que en un principio el viejo corrupto no se la iba a follar lo tranquilizaba un poco, claro que, nada le garantizaba que no terminara así. De momento seguían allí, metiéndole la mano por debajo de la falda al acariciarle el muslo sin dejar de asomarse al balcón de su escote. Y ella se pegaba a él, acariciándole la espalda mientras miraba, como impaciente, hacia la puerta de los servicios. Hasta que vio salir a su colega, el maricón, que se dirigió a la barra. Entonces ella, muy hábilmente se deshizo de las manos pegajosas del viejo baboso con suma diplomacia y se dirigió al baño, cruzándose en la puerta con la rubia escultural que salía retocándose el peinado y con una sonrisa de oreja a oreja. Al parecer le había sentado bien el polvo. La rubia volvió a sentarse junto al viejo, pero ya no tan arrimados. Cuando Jowy salió del baño, se subió al escenario donde ya la estaban esperando sus compañeros y comenzaron con la segunda parte del repertorio. Apenas hablaron entre ellos, pero se lanzaban miraditas que captaban a la primera, como si fuera un código secreto que nadie más sabía interpretar, ni siquiera Rüdiguer, que se percató de las miradas pero no supo descifrar su significado.

Antes de que terminara el show, el viejo verde y la rubia gigantesca abandonaron su sofá, agarrados, pero no tan mimosines como habían empezado la velada. Al verlos salir, Jowy y los dos maricones intercambiaron unas miradas en mitad de la actuación. ¿Qué clase de chica de compañía dejaba que su cliente se fuera con otra? Tal vez no fuese eso. Tal vez simplemente intentara obtener algún tipo de información y por eso el maricón le había quitado a la rubia escultural de en medio, preparándole el camino para que ella interrogara sutilmente al viejo corrupto. Aquello de los negocios sucios daba mucho de sí. Y la mafia no era un negocio muy limpio que dijéramos.

—¿Hay puerta trasera en este sitio o saldrán por la principal? —le preguntó a Lulú, pero enseguida comprobó que, no sólo se había bebido ella sola toda la botella de champán, sino que ya estaba durmiendo la mona, roncando como un cerdo.

No la despertó. Bastante había hecho ya con pagarle todo lo que le había pedido. Salió del palco al finalizar la última canción.Nadie les pedía bises ni nada como en los conciertos. Sería porque en realidad nadie les estaba prestando atención a aquellas alturas de la velada. No se dio mucha prisa porque sabía que tenían que recoger los instrumentos y todo todavía, pero salió fuera, a respirar aire "normal" aunque no fuera puro. El frescor de la noche en las mejillas le sentó de maravilla. Tenía las fosas nasales intoxicadas de tanto humo de tabaco, puros y demás hierbas que se mezclaban en el aire putrefacto de aquel burdel. Buscando un escondite donde camuflarse para esperar a que salieran, optó por el portal del hotel, que era amplio y no llamaría la atención ver a un tío parado allí porque podría ser que estuviera esperando a alguien. Además tenía unos arbustos decorativos a cada lado de la puerta por los que poder mirar sin ser visto y sin hacer el ridículo jugando a los espías.

Un coche negro con los cristales tintados se detuvo en la puerta del burdel sin parar el motor. Enseguida salieron los maricones y Jowy,que se habían cambiado de ropa y ya parecían los de siempre,metieron las maletas de los instrumentos en el maletero y subieron al coche. Los maricones se metieron detrás y Jowy subió delante, con el conductor, al que no pudo distinguirle la cara por el reflejo de las luces de los locales en el cristal delantero. Arrancó pasando por en frente suyo. Él se giró hacia la entrada del hotel por si les daba por mirar y lo veían. Después, decidió ir a ver como le iba a Nikke, si es que todavía seguía dejándose timar en el casino clandestino aquel, pero dándole vueltas y más vueltas a lo que había visto y a las conclusiones que había sacado.

Cuantas más cosas descubría de su vida, más culpable se sentía por que fuera así. Estaba convencido de que si no se hubiera ido... o mejor aún,si hubiera vuelto como tenía previsto en un par de años solamente,o aunque hubiesen sido los cinco que se prometieron, las cosas no serían como eran. Habría intentado retomar su relación a tiempo,habría intentado sacarla de aquella mafia asquerosa, habría intentado ahorrarle todos aquellos malos tragos que la veía dar, y habría intentado hacerla feliz mucho antes, evitándole un dolor innecesario.

Pero no fue así y ahora no tenía sentido pensar en lo que pudo haber sido y no fue. Necesitaba pensar en lo que será. Y para ello tenía que tomar la decisión más importante de su vida:Dejarse ver. Donde, cuando y como. Y que fuera lo que tuviera que ser, pero ya estaba cansado de espiarla.

Mentira. Espiarla era algo de lo que nunca se cansaba, pero a ella sólo le producía miedo e incertidumbre, por si su vida no era ya de por sí bastante complicada. Había tomado una decisión. Por la mañana irían a espiar a LB, y si no había movimiento volverían al Burguer King. Si estuvo trabajando el sábado, quizás también trabaje el domingo.Era lo único que tenían.


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ETHEL, El heredero.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora