El sol brillaba en lo alto del cielo, repartiendo destellos al reflejarse en el agua del lago, donde las montañas que lo rodeaban podían verse nítidas como si de un espejo se tratara. No soplaba el viento, los árboles permanecían estáticos, ni siquiera los pajaritos piaban. Era tal la quietud, que el paisaje parecía una postal en tres dimensiones.
De repente, un estruendo rompió la calma.
Del túnel oscuro apareció a toda velocidad un Porsche 911 Turbo plateado, serpenteando por la carretera que bordeaba el acantilado.
Un segundo rugido vigoroso se sumó al estrépito causado por el primero.
Esta vez apareció por el túnel un Mercedes SLK rojo y reluciente, emitiendo destellos brillantes a diestro y siniestro con su movimiento veloz y sinuoso, como si fuera por raíles, en lugar de asfalto, y resultase imposible salirse de su trayectoria.
Ambos vehículos se movían en zig-zag, ignorando peligrosamente la raya continua pintada en el centro de la calzada. El Mercedes rojo le pisaba peligrosamente los talones al Porsche plateado, pero nunca conseguía rebasarle ya que este se comía las curvas a propósito para no dejarlo pasar. El tubo de escape de ambos vehículos rugía y petardeaba cada vez que cambiaban de marcha o aceleraban. Y enmudecía de repente cuando reducían para tomar la curva con seguridad y no salirse de la carretera, directos al acantilado que les aguardaba impaciente. Pero los pilotos de aquellas maravillas con ruedas, que parecían volar a ras de suelo, más rápidas que el rayo, sabían manejar muy bien sus máquinas como para cometer un fallo tan evidente.
El joven conde Rüdiguer F. Sverker tenía muchos enemigos. Miraba por el espejo retrovisor muy a menudo para calcular la distancia que le sacaba a su perseguidor. Sus ligeras gafas montadas al aire le resbalaban por la nariz debido al sudor y tenía que estar subiéndoselas cada dos por tres para poder ver bien en las distancias largas. No estaba dispuesto a dejarse alcanzar fácilmente y haría cuanto estuviese en su mano para deshacerse de aquel coche que venía pegado a sus ruedas.
Se aproximaban a una curva muy cerrada, casi de 180º, que el conde tomó echando el freno de mano y derrapando, dejándose la mitad de los neumáticos en la carretera, pero aún así se permitió el lujo de mirar desafiante al conductor del Mercedes que venía detrás, que le devolvió la mirada con los dientes apretados y preparado para hacer la misma maniobra. Después de aquella curva tenían una pequeña recta de casi cien metros donde poder acelerar un poco hasta la siguiente, que era doble. Los motores rugieron de una manera ensordecedora y callaron de pronto al desembragar para tomar la curva doble.
Al final de las curvas que delimitaban la ascensión del acantilado, un pequeño Renault Clío azul se disponía a bajar en dirección contraria a los temerosos vehículos que subían, ignorando el peligro que le acechaba. Conducía una chica joven que iba a trabajar. En su auto radio sonaba un clásico de Roxette: "The look". Esto impedía que pudiera oír el estruendoroso rugido del motor de los vehículos que se le venían encima.
El conde se aproximaba a la última curva que le libraría de la incomodidad de ir reduciendo todo el rato. Estaba deseoso de entrar en la recta para deshacerse de una vez de aquel lastre que venía arrastrando ya muchos kilómetros atrás. Subió el volumen del cd que tenía puesto, donde Avril Lavigne gritaba sin parar, acompasada por la música ensordecedora tan característica en sus canciones.
El tipo del Mercedes, sin embargo, tenía la radio apagada, iba concentrado al máximo en cada curva, en cada movimiento del coche al que perseguía sin tregua. Aquellas curvas, que no eran desconocidas para él, se le hacían una pesadilla interminable y estaba deseando que terminaran para poder pisar a fondo el acelerador y darle un escarmiento al conductor fanfarrón del Porsche plateado.
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ETHEL, El heredero.
Teen FictionRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
