Rüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
Helena Sveriksson era compatriota suya, hija de Rudolph Sveriksson, conde de Kiruna, duque de Lulea y amigo personal de la condesa puesto que su difunta hermana y ella fueron compañeras de colegio cuando vivía en Kiruna con sus padres. Los trapos sucios del conde Rudolph eran los habituales en los hombres maduritos y aburridos de la rutina. Había tenido varias amantes pertenecientes a su círculo de amistades y,por lo tanto, adineradas como él que, si bien la condesa de Kiruna había perdonado su infidelidad, posiblemente los maridos de las amantes no. Y ahí es donde él podía chantajearlo si las cosas no le salían como esperaba.
La chica en cuestión era calladita y fría como un témpano. No había manera de hacerla cambiar de expresión, parecía un muñeco de nieve. Rüdiguer no estaba dispuesto a perder el tiempo con citas tontas y paseos por el jardín. Así que en la primera cita, mientras sus padres hablaban con su abuela, le hizo la prueba de la cocina. La encerró allí, con el hilo musical y le pidió que hiciera comida para cuatro personas. La chica, muy desganada, sacó fiambre de la nevera y, cortándolo torpemente con un cuchillo de pelar patatas, lo metió entre mendrugos de pan que encontró en una despensa. Sin acalorarse. Luego se dedicó a cotillear la cocina, las vistas y a toquetearlo todo mientras pasaba la hora.
No fue nada divertido.Aquella chica fría y desinteresada era aburrida hasta para las putadas. Pero era del terreno y seguramente conocería un montón de lugares que Rüdiguer ni siquiera había oído nombrar, así que, ya que tenía que salir con ella un mes y ambos habían terminado ya la carrera, la convenció para que lo invitara a pasar unos días en Kiruna, donde sus abuelos tenían casa, haciéndose acompañar de Steph, Inna y Eleonor que eran las únicas que podían permitirse unos días de descanso en sus quehaceres cotidianos. A Helena no le importó que los acompañaran las chicas, es más, hasta parecía encantada con Steph.
Rüdiguer no quiso que le pasara como con Margueride y para que no se hiciera ilusiones precipitadas decidió poner las cartas sobre la mesa cuanto antes. Aprovechó que se habían quedado solos, mientras sus primas entraban en una tienda, para decirle que no tenía pensado casarse con ninguna de las tres candidatas porque consideraba que era muy joven, aunque tenía que elegir a alguna porque su abuela se lo exigía, pero que tuviera claro que finalmente el matrimonio no se celebraría. A Helena casi pareció alegrarle la noticia. Entonces es cuando ella confesó que era lesbiana, que tenía novia y que estaban muy enamoradas. Y que si había accedido a tener aquel noviazgo con él era porque sus padres no aprobaban la relación y aún tenían la esperanza de casarla con algún niño rico que le sacara las castañas del fuego mientras ella hacia la tijera con su novia. Rüdiguer comprendió entonces porqué aquellas miraditas y aquellas sonrisitas con Steph. Les quedaban tres días por delante para pasarlos juntos y no dudó en decirle que invitara a su novia también, así no tontearía con su prima que empezaba a sentirse incomoda.
Helena y Rüdiguer congeniaron estupendamente porque a ninguno les gustaba ser la marioneta de nadie y querían reconducir su propia vida. Ella era bióloga y su novia también y querían montar un laboratorio para investigar la reproducción de las especies en peligro de extinción a partir de células madre. A Rüdiguer aquello le parecía súper complicado pero las admiraba por tener un objetivo y luchar por conseguirlo.
Quedaron en ir madurando la idea de la ruptura y la manera de montar el escándalo posterior para que ninguno de los dos saliera perjudicado.Él alegó que al ser lesbiana, si salía a la luz podría hacer vida pública con mayor libertad. Ella, en su círculo íntimo ya había salido del armario, pero para el resto del país era un secreto. Él pensó que era el motivo perfecto para cortar con ella. Fingirían una pillada in fraganti. Él volvería a estar soltero y ella saldría del armario por todo lo grande y acabaría con el empeño de sus padres en casarla con un maromo en contra de su voluntad. Y mientras llegara ese momento se dedicarían a viajar de aquí para allá con el dinero de su abuela y disfrutando de la compañía de sus primas de una manera más desenfadada, sin la supervisión constante de la vieja, ni de sus madres, que parecían espías enviadas por la condesa. Y porque... las echaría de menos cuando regresase a España y aquella era una manera agradable de conocerlas mejor y despedirse de ellas al mismo tiempo.
Después de aquel viaje a Kiruna, planearon un fin de semana a Londres,acompañados por Steph, Inna, Sophie y Mika por parte de él y de Wilma, su novia, y de Liam su hermano, por parte de ella. La excusa era ir al concierto de U2, pero el motivo real del viaje era porque Wilma había contactado con un posible patrocinador para su laboratorio y tenía que entrevistarse con él. Por supuesto el hombre escuchó sus proyectos con atención y les dijo que ya las llamaría. Lo que dicen siempre. Pero bueno, aquel conciertazo de U2 y lo bien que se lo pasaron allí, ya no se lo quitaría nadie.
Por supuesto, de vez en cuando tenían que quedar en sitios públicos y dejarse cazar por los fotógrafos haciendo cosas juntos, para que lo publicaran en las revistas como habían hecho con Margueride y que los padres de Helena no se sintieran en desventaja. Pero también quedaban en Aguas Negras, porque a Wilma y Helena les gustaba la poza de agua caliente donde Rüdiguer las dejaba solas y se iba a continuar con sus trabajos en el invernadero, no sin antes avisar a Per para que fuera a espiarlas mientras se enrollaban. Per nunca sentaría la cabeza. Y más de una ocasión se habían quedado a pasar allí el fin de semana, alojadas en la cabaña del lago. A Rüdiguer no le molestaba que disfrutasen de todas aquellas instalaciones puesto que se sentía en deuda con ellas por el favor que le hacían aceptando el pacto de fingir ser su novia para tener la excusa del viaje de despedida de soltero a España. Por fin veía un poco de luz al final del túnel.
Transcurridos los tres meses que le había dado su abuela para que conociera a las tres candidatas, fue citado a la sala de audiencias para comunicar su elección. La condesa se sorprendió mucho de que eligiera a una,realmente. Ella se esperaba que se pusiera rebelde y no emitiera elección alguna teniendo que decidir ella por él. Y lo que más la sorprendió fue que coincidiera con su criterio y eligiera a Helena,a la cual casi consideraba de la familia. La vieja Inna, que creía conocer a su nieto, no terminaba de fiarse de él. En su fuero interno sabía que tramaba algo porque él tampoco daba su brazo a torcer tan fácilmente y mucho menos acataría una obligación sin poner resistencia. Se prometió a si misma no quitarle ojo de encima para comprobar personalmente si había madurado durante aquel tiempo al conocer gente nueva y diferente, o sólo era una estrategia para callarle la boca dándole lo que quería pero sin intenciones de cumplirlo.
Por supuesto Rüdiguer sabía que su abuela pensaría algo parecido y para justificar su elección les mostró a todos,incluidos los miembros del consejo, que aún no sabía de qué manera eliminarlos de allí, las grabaciones de las pruebas de la cocina.Helena fue la única que hizo algo de comer, aunque fuesen bocadillos de fiambre. Su abuela se quedó anonadada puesto que nadie la había informado de que las candidatas habían sido sometidas a semejante prueba. Rüdiguer quería dejar claro que si tenía que elegir a una por imposición, prefería que fuese la sueca, pero que no estaba enamorado de ella, ni mucho menos, y que tampoco lo iba a fingir para que los paparazzis y el país entero lo creyeran.
Por supuesto Margueride montó en cólera y enseguida contactó con las revistas para destapar algunos trapos sucios de la mansión y del condesito,aunque la mayoría fueran mentiras. Se sentía traicionada y humillada por haberla hecho creer que significaba algo para él y luego ser rechazada. Todo el país esperaba que alguien en Aguas Negras desmintiera lo que aquella francesa dolida había dicho de ellos. Pero Rüdiguer ni se inmutó, tenía cosas mejores en qué pensar y le prohibió a su abuela, con todo el descaro, que tomara cartas en el asunto, obligándola a dejarlo correr y no abrir la boca. Cuando se ponía autoritario a su abuela la reventaba. No soportaba que le diera órdenes, y mucho menos que le prohibiese cosas. Esta vez fueron sus nietas las que la calmaron en su furia contra él, diciéndole que de esta manera mantendrían el interés de las revistas por ellos. No había razón para explicarlo todo.Valía la pena guardarse algo para luego.
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