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Sinpensar más encendió el escáner y escaneó la foto que tenía deJowy, con la que había preguntado por ella por toda Zaragoza,colocándola luego de fondo de escritorio, para asegurarse de que laviera. Tarde o temprano abriría el ordenador y se preguntaría cómohabía llegado aquella foto hasta allí. Interrogaría primero altipo aquel con el que estaba liada y luego qué. Recordaría aquellafoto. Recordaría aquel día.

¿Sospecharíade Jowy, luego de Ferguson y también de él? Sabía que Fergusonhabía quedado mal con Jowy, se enfadaron y nunca más supo nada deella, pero nadie le había comentado qué tal se llevaba con LB,aunque saltaba a la vista que no había contacto alguno y todo quedóen un ligue de verano para olvidar. Sin embargo Jowy y El Rataparecían seguir siendo amigos. Talvez sospechase del Rata. Encualquier caso, fuesen quienes fuesen sus sospechosos, una vezinterrogado el tal Pedreguer, llamaría a Jowy para contarle laanécdota. Él lo haría, y sabía que a LB le gustaba mucho darle ala lengua, en todos los sentidos. ¿Cómo reaccionaría Jowy?

Bajóenseguida con Nikke que ya empezaba a impacientarse y lo puso al díasobre lo que había hecho. Tomaron un taxi que los llevó a unconcesionario donde alquilaban coches. Alquilaron dos motos, concasco y mono incluido, para poder seguir mejor a LB, tanto si iba encoche como si iba en monopatín. Y montaron guardia en la puerta delpiso de esta. Separados, y dándose una vuelta de vez en cuando parano levantar sospechas, pero manteniendo siempre vigilada la entrada.

Nikkeno entendía porqué Rüdiguer se andaba con tanto rodeo. Con lofácil que hubiera sido llamarla por teléfono y preguntarledirectamente por su amiga, en lugar de dejarse los ojos buscando supiso en aquella guía interminable o montar guardia frente al piso dela chica equivocada. No le parecía un comportamiento muy racional yempezaba a preocuparse.

Seturnaron para comer y, cuando Rüdiguer estaba terminando de devoraraquel bocadillo de tortilla de patatas con mayonesa que se acababa depedir en el bar de la esquina, Nikke lo llamó al móvil. Serían másde las tres.

—Acabade entrar una tía con la descripción que me has dado —dijo Nikkeescuetamente.

—¿Veníaen coche o andando?

—Andando.

—Vale,cuando la veas salir síguela con disimulo, yo haré lo mismo desdeun poco más atrás.

—Ok.

PeroLB tardó bastante en salir. Al parecer estuvo comiendo, se duchó yse echó una siestecita y todo. Rüdiguer estaba que se caía desueño y la hora de la siesta era su punto débil, pero al verlasalir se espabiló de repente.

Dejóque la siguiera Nikke, despacio y a mucha distancia porque iba a piéy no querían que se diera cuenta de que estaba siendo vigilada. Alas pocas manzanas se desvió para dejarle paso a él, y así nolevantar sospechas. LB los condujo hasta la facultad de Medicina.Pero en lugar de dirigirse a la entrada, fue directa al parking debicis, como si buscase una en concreto. Cuando la encontró, miróalrededor para asegurarse de que nadie la observaba, ajena a lapresencia de Nikke y Rüdiguer que la espiaban desde diferentespuntos del campus, sin bajarse de sus motos. Después, introdujodisimuladamente un papel muy doblado en el hueco que hay entre lamanivela del freno derecho de una de aquellas bicis, haciendo presióncon los dedos para cerciorarse que se quedaba en su sitio sin caer, yse fue por donde hubo venido, eso sí, sin dejar de mirar alrededor,como si se sintiese observada. Por supuesto que los había visto. Noparaba de hacer barridos con la mirada en todas direcciones, peroellos llevaban el casco puesto con la visera bajada y estabanestratégicamente situados como para levantar sospechas.

—Síguela.Yo voy a ver qué hay en ese papel y te llamo luego para ver dondeestás —le dijo Rüdiguer a Nikke por el móvil.

Seacercó con la moto hasta el parking de bicis, bajando pero sin pararel motor, ni quitarse el casco. Solamente se quitó un guante parapoder sacar aquel papelito que LB había incrustado tan profundamenteen el hueco que dejaba la manivela del freno, mientras mirabaalrededor para asegurarse que nadie lo veía. Cuando por fin se hizocon él, lo desenrolló y lo leyó.


H4N 3N7R47 3N M4 K454 D31X4N7M3 1 F070

73U43N 3L 0RD1N4D0R. 3M V161L3N. 835375


¿Estaríadestinado para ella? ¿Era aquella su bici? LB y Jowy siempresupieron hablarse en clave. Serían cosas del adiestramiento previoal que las sometieron de niñas para pertenecer a la maldita mafiaque las explotaba. Recordaba perfectamente que, hasta en lasconversaciones más triviales, se hablaban sin utilizar palabras, conun simple gesto o una mirada eran capaces de transmitir informaciónadicional de la que no gozarían los demás partícipes. Envidiabaesa habilidad, pero en aquellos momentos aquel puñado de números yletras no le decían nada y era demasiado complejo para memorizarlo,así que se arriesgó a que el dueño, o dueña, de la biciapareciera y sacó su móvil para hacerle una foto y mandársela aNikke, para ver si a él se le encendía la lucecita.

Luego lo volvióa plegar y lo dejó donde estaba, sin dejar de mirar a todas partes,analizando atentamente a cada persona que veía, aunque estuviesenlejos, comprobando satisfecho que seguía siendo invisible para lagente a pesar del paso del tiempo. Subió a su moto y se alejódespacio, como si fuese a alguna parte, pero solamente dio una vueltaa la manzana para despistar y regresó, comprobando que la bicicletaen cuestión aún estaba allí, y aparcó la moto tras una furgonetaque le serviría de parapeto para espiar la bici y descubrir eldestinatario del misterioso mensaje.

Durantetodo el rato hubo un goteo incesante de gente que entraba y salía dela facultad, de uno en uno, o en parejas, y muy distanciados unos deotros. Pero a las cinco y media empezó a salir gente sin parar, engrupos. Siempre le había fascinado el comportamiento de la gente engrupo. La masa siempre actúa como una sola entidad, moviéndose comosi fuera lava de un volcán en erupción que se esparce en todasdirecciones lentamente, inundándolo todo.

Yentonces la vio.

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ETHEL, El heredero.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora