Bueno,el verano acabó y cuando volvieron a casa se encontraron con queMarie había parido en Skeleftea a un niño que habían llamadoOskar. Su salvación estaba más cerca. Aunque tuviese que esperardieciocho años para que Oskar se pudiese hacer cargo del condado.
EnAgosto, la vuelta al cole, el segundo año de carrera. Acordaron queestudiaría el temario en casa pero que le dejaría asistir a losexámenes en el Konstfack University College de Estocolmo, aunquefuese acompañado de un guardaespaldas. Y casi siempre era Leo, queera un armario y lo intimidaba. Rüdiguer se moría de vergüenzacuando tenía que aparecer por el aula con el armario empotrado a suespalda, como si fuera su sombra. No le caía nada bien. Era muyserio y estricto con las normas. Un asco de tío. Pero lo que lepasaba en realidad era que estaba cagado porque el condesito era ladiana humana y no le gustaba tener que hacer de canguro. Y yendo conGuardaespaldas lo único que conseguía era llamar más la atencióny andar pregonando a los cuatro vientos que era alguien importante,por si aún no se le había ocurrido a nadie secuestrarlo una vezmás. Al final consiguió que Leo se quedara en la puerta de lafacultad esperándolo, sin que su abuela se enterase. Era su pequeñosecreto.
Porotra parte, terminó de construir el invernadero para poder cultivaralgo durante el invierno, aconsejado por Per, que sólo se preocupabapor su plantación de María, y le hizo poner lámparas para darcalor y luz en las frías y largas noches de invierno, así comohumidificadores con temporizador y riego por goteo. Vamos, la últimatecnología para el interior, aunque desde el exterior pareciese unachabola tercermundista. Pero Rüdiguer estaba satisfecho con su obra.No quedaba muy estético pero era práctico y funcional, que era loimportante. Y sobre todo, no estaba mal para haberlo construido aescondidas y con materiales robados.
Sehizo amigo de Jocke, uno de los vigilantes, para que le enseñara apelear y practicar de vez en cuando con él. Pero Jocke era un cabrónque fingía ser su amigo para aprovechar la ocasión y pegarle unaspalizas de miedo con la excusa de adiestrarlo. Rüdiguer casi loprefería así, porque de esta manera las peleas serían más realesy no tendría remordimientos si le atizaba en serio.
Parala cena de Navidad, aquel año, y como novedad pero sin que sirva deprecedentes, los invitó la Casa Real a acudir a Estocolmo al bailede gala que organizaban todos los años. A Rüdiguer aquellasceremonias lo mataban pero se veía en la obligación de asistir comorepresentante de aquel miserable condado que era un grano en el culopara el estado, pero sobre todo para tantear al rey, si le dejaban laoportunidad, pensando la posibilidad de llegar a un acuerdo con élen un futuro, talvez no muy lejano, en lo referente al condado.
Suabuela estaba que se salía de orgullo. Por fin el rey los tenía encuenta como a los demás nobles. Sus tías y sus primas se volvieronlocas, casi histéricas, pensando qué vestido ponerse y qué peinadohacerse, contratando esteticistas y peluqueras que les pusierancremas y mascarillas para estar radiantes aquella noche. Todas menosStephanie, que le tenía sin cuidado su aspecto. Es más, teníapensado asistir con pantalones, por más que intentara convencerla suabuela de embutirse en un vestidito vaporoso.
Eldía de la cena acudió toda la familia en tropel. Y como ninguna desus tías tenían carnet de conducir, ni pensaban sacárselo yEleonor y Sophie, que sí que tenían, alegaban que llegarconduciendo no tenía glamour y que con aquellos zapatitos de tacónno pisaban bien los pedales, pues tuvieron que contratar chóferesextras para que las pudieran llevar con los coches que les quedabanen el garaje.
Cuandoel rey se las vio entrar flipó en colores. Normalmente acudía unapareja en representación de su familia, no toda la familia entera.Las únicas que se habían quedado en casa, por ser menores de quinceaños fueron Ingrid y Maja. Y su abuela les tuvo que prometer que lescompraría unos vestidos igual de vaporosos que los de sus primas yhermanas para que se quedaran contentas.
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ETHEL, El heredero.
Teen FictionRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
