Rüdiguer le explicó lo que le pasaba y para lo que necesitaba su coche. A Alice, que además de guapa, era una muchacha sensata y prudente, no le hacía mucha gracia que lo utilizara para cargar maderas de pino recién cortadas puesto que lo llenarían todo de virutas y se lo podrían rallar. Pero Rüdiguer estaba tan desesperado que le prometió limpiárselo después, por fuera y por dentro, comprándole otro coche si se lo rallaba o sufría algún desperfecto. Alice no parecía confiar mucho en su palabra de niño pijo y al principio se escudaba en que el vehículo era también de su hermana Alva, que también trabajaba de camarera con ellos y tendría que consultárselo y tal, pero lo veía tan desesperado que se lo pensó mejor y accedió a dejarle las llaves, aunque no muy confiada.
Más contento que unas castañuelas y sin apenas saber conducir, Rüdiguer llevó la furgoneta como pudo hacia donde habían talado los pinos y empezó a cargar los maderos sin descansar. Después los descargó en el lugar que había estado planeando todo el día. En la orilla del lago por la parte de atrás. Así tendrían agua cuando quisieran beber y hierba en abundancia por si no habían comido bastante durante todo el día. Terminando de descargarlas aparecieron de nuevo Sebbe y Per, que ya habían acabado sus tareas y le ayudaron a planificar el cercado. Sebbe llevó consigo cuerda y una maza para poder clavar las estacas en el suelo tras afilar sus puntas con un hacha de mano. Entre los tres consiguieron clavar las estacas principales, delimitando el rectángulo base antes de que se les hiciera de noche. Per, por su juventud y su falta de experiencia en tratos con los señores, lo trataba de tú a tú, mientras Sebbe intentaba corregirlo, pero a Rüdiguer le encantaba aquel trato desenfadado. Por fin había encontrado alguien puro, alguien que no estaba condicionado por la clase social, el protocolo, y que aún no tenía amigos allí dentro que lo cohibieran. Le gustaba aquel muchacho franco y sincero.
Después le dio las instrucciones adecuadas a Lula para que metiera al rebaño dentro del cerco y lo mantuviera allí mientras pasaban unas cuerdas de un palo a otro para unirlos temporalmente. Cuando se hizo tan oscuro que no se veían ni las caras, Sebbe y Per se marcharon a ducharse y ver un rato la televisión en la sala de usos múltiples antes de bajar a cenar ya que ambos eran internos. Él se quedó terminando de acordonar las estacas para hacer una valla provisional que pudiera retener a su rebaño allí dentro por lo menos durante la primera noche, por la mañana ya terminaría de poner los maderos transversales como había planeado con Sebbe, aunque ellos no pudieran ayudarle en aquella ocasión ya que tenían que reparar los daños que el rebaño había causado en la decoración floral de la rotonda de entrada, que era la imagen pública de la casa y su abuela estaba con ella que no cagaba.
Cuando terminó de atar el último cabo suelto se percató de que unas velas y linternas avanzaban en la oscuridad hacia su posición, provenientes de la casa. Sin darse cuenta se había saltado también la hora de la cena y con todo el ajetreo que había tenido durante el día estaba agotado y hambriento. Alguien venía a visitarlo y pensó en sus primas y tías, aunque no se las imaginaba caminando por la tierra húmeda de aquella zona con sus zapatitos de piel que llevaban a todas horas. Cuando se acercaron un poco más, descubrió a la cabeza de la comitiva a Angus, cuya vela baja le hacía tener rostro de fantasma gracias a sus facciones estiradas y a sus arrugas. Con él venía Cornelia, Asa, Alice, Alva, Sebbe, Per, Tess, Hugo, el chófer joven, Elías, el mecánico, Thorbjörn, el carpintero, y algunos de los camareros que estaba cansado de ver por el comedor pero cuyos nombres no recordaba, sólo se acordaba de Víctor, porque siempre le llenaba el vaso de agua hasta arriba y luego no se lo podía beber sin derramarla, el muy sinvergüenza.
Cuando llegaron frente a él empezaron a cantarle cumpleaños feliz,haciendo que se ruborizara hasta el extremo, pero no se incomodó porque con tanta oscuridad dudaba de que alguien se percatara de ello. Cornelia sacó de su espalda un trozo de tarta de manzana que,al parecer, había sobrado de la cena, al cual le habían clavado una vela en el centro y se la acercaba con su risita pícara para que soplara mientras los demás terminaban de cantar. Muerto de vergüenza pidió un deseo y sopló la única vela, sin saber qué decir ni qué hacer a continuación.
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ETHEL, El heredero.
Teen FictionRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
