Nikkese levantó sin creerse lo que le había pasado. Había peleadocontra tíos grandes y fuertes y ninguno lo había derribado tanfácilmente como ella lo había hecho ya en dos ocasiones. Miróhacia la oscuridad del portal intentando descubrir puertas osiluetas, pero no se veía nada, el sol era demasiado cegador paradistinguir algo en la penumbra de los portales. Caminó hacia allí,con miedo de que lo estuvieran esperando escondidos y le arrearanotro bofetón. Todavía le sangraba la nariz. Pero no. Cuando entróen la oscuridad y pudo verlo todo descubrió que había un pasajebajo aquel portal, por donde ellos habrían salido de aquella plazacorriendo, silenciosos, mientras él se levantaba y miraba laoscuridad como un idiota.
Se le habían escapado.
Alpoco irrumpió Rüdiguer en la placeta, corriendo.
—¿Quéte ha pasado? —le preguntó al verlo salir del portal sangrando.
—Pregúntaseloa tu querida Jowy. Joder, cómo pega, la tía —protestó,poniéndose un pañuelo en la nariz para detener la hemorragia—.Por cierto, se han ido por ese pasaje, si quieres seguir siguiéndoleshazlo tú solo, que a mi ya me lo han dejado claro.
Rüdiguerse asomó a la boca del pasaje. No vio a nadie. Dudó en si seguircon aquello o llevar a su amigo a un ambulatorio. No se lo pensómucho.
—Vamosa que te vean esa nariz. ¿Te duele?
—¿Túque crees? —contestó el otro.
Fueronal ambulatorio. No la tenía rota, le dolía por el golpe que habíarecibido y la cara empezaba a hinchársele y a ponérsele morada,sobre todo el pómulo, que era donde había recibido toda la fuerzadel impacto. Después fueron al hotel, a descansar para estar frescospor la noche. Se ducharon, se tumbaron en la terraza a tomar el sol eintentaron dormir. Rüdiguer no lo consiguió. Bajó a recepción yaveriguó todo lo que pudo sobre un lugar llamado Babilón.
Eraun hotel del centro. El recepcionista, con esa cara que gastaba devicioso, le dijo que era la zona más corrupta de la ciudad. Todoeran puticlubs, casinos clandestinos, bingos, discotecas, pubs demala reputación y algún que otro local para gays y lesbianas. Estoúltimo se lo dijo pensando que ellos eran gays. Como lo pensaba todoel personal del hotel. A ver si no qué iban a hacer dos chicosjóvenes, adinerados, fuera de su país, en una suite cara, y sintraer ni una sola noche a ninguna chica a su habitación, aunquefuera una puta.
Despuésde cenar en el hotel, tranquilamente, le expuso su plan a Nikke paraque decidiera por su cuenta si quería acompañarlo o si preferíahacer otros planes, ya no lo iba a obligar más a seguirla, le dabalibre, le daba vacaciones, que es a lo que él venía y se las teniamerecidas. Pero él seguiría espiándola porque era su pasión. Yporque no se atrevía a hacer otra cosa. A Nikke eso de la zonacorrupta de la ciudad le gustaba, en realidad era un viciosillo ytenía ganas de echar un polvo aunque fuese pagando. Así queacordaron que lo acompañaría pero nada más, los espionajes y esascosas corrían a cargo de Rüdiguer, y si se la encontraba por allípor casualidad le contaría toda la verdad. Esto último lo dijo parapresionarlo y que se decidiera de una vez, pero en su fuero internosabía que no lo haría, una vez más.
Eltaxista los dejó en la calle del Babilón, aunque no los quisollevar hasta la puerta poniendo la excusa de que luego para salirtenía que pegar una vuelta muy larga y tal. Así que fueroncaminando hasta allí. Era un hotel pero parecía un puticlub. ARüdiguer empezaba a preocuparle lo que Jowy pudiera hacer por allícon aquel tío del Burguer King que parecía ser tan amigo suyo. A unlado del Babilón, había un bingo, que en letras más pequeñas sevendía como casino, y al otro un club de alterne decorado como sifuera un restaurante chino, con farolillos rojos en la puerta y todo.
Probaronprimero con el bingo. Al entrar era un bingo normal, pero al fondo seabría otra puerta sin letrero, en la que se metía mucha gente. Seasomaron a ver. Tras aquella puerta se extendía una enorme salallena de máquinas tragaperras, mesas de pocker, una ruleta, variasmesas de dados... Vamos, un mini "las vegas".
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ETHEL, El heredero.
Novela JuvenilRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
