84. Petróleo

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Para su 20 cumpleaños su abuela le regaló un piano dorado hecho para zurdos. El lujo personificado. Estaba recargado de adornos, hojas talladas por los rincones y querubines tocando el arpa en las patas,todo barnizado en oro viejo.

 Estaba recargado de adornos, hojas talladas por los rincones y querubines tocando el arpa en las patas,todo barnizado en oro viejo

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ARüdiguer no le gustó.

Para nada.

No le pegaba. Él era la austeridad en persona y aquel piano reflejaba mucho más la personalidad de su abuela, que todo lo hacía a lo grande. Sin embargo, y para no calentar los humos, puesto que se lo habían encargado expresamente para él, no dijo nada. Se limitó a aceptar el regalo y a dar las gracias sin demasiada emoción, cosa que fastidió un poco a su abuela. Seguramente esperaría que se pusiera a dar saltos de alegría y se decepcionó al verlo reaccionar con tanta frialdad. Ni siquiera quiso tocarlo un poco para estrenarlo. Lo dejó allí, en la sala de música, junto con los otros instrumentos, y se fue a pastorear, dejándolas con las ganas de oírlo tocar.

Por supuesto tampoco organizó ninguna fiesta, como le pedían sus primas, para que invitara a chicos jóvenes con los que bailar. ¿Para qué? Si de todas formas ninguno bailaría con ellas porque eran las"condesitas malditas".

En Abril llegó una carta de la facultad de Uppsala. Stephanie estaba expulsada por hackear el ordenador para cambiarse las notas. Por supuesto su abuela la castigó sin vacaciones, pero a Rüdiguer le vino muy bien tener a una experta en informática en casa y no dudó un instante en mostrarle la habitación del ordenador y convencerla para que trabajase para él de incógnito, investigando.

Así localizó a sus abuelos maternos, que vivían en Bergen, Noruega, y le organizó un viaje de fin de semana allí para conocerlos. Por supuesto también iría su hermana, que frecuentaba mucho su compañía. Pero todo esto era a escondidas de la vieja, aprovechando que se había ido de vacaciones y él había logrado escaquearse aquella vez, alegando que tenía mucho que estudiar.

Su abuelo materno tenía pozos petrolíferos y le dio la idea de que talvez en el lago de Aguas Negras hubiera petróleo, lo cual supondría un ingreso extra muy importante. Así que, sin esperar a que viniera su abuela, decidió hacer perforaciones con la ayuda de los empleados de su abuelo para confirmar sus sospechas. Había petroleo bajo el lago.

Pero su abuela volvió antes de lo esperado de las vacaciones y tuvieron que camuflar toda actividad petrolífera para que no lo descubriera. Se había propuesto que, si realmente conseguía algún dinero de todo aquello, pasaría a formar parte de su haber personal.

Como estaba estudiando Arquitectura, le vino de perlas la excusa de tener que hacer un proyecto de final de carrera para diseñar una cabaña junto al lago, cuyas obras serían la tapadera perfecta para la explotación del pozo petrolífero y que su abuela no sospechase nada raro.

Para los exámenes finales convenció a su abuela, con la ayuda inestimable de Fredrick, que últimamente se había hecho muy amigo suyo para salir de marcha por ahí, pues era con el único con quien su abuela le dejaba salir, para alquilar un piso en Estocolmo durante la semana de exámenes. Eso sí, tendría que ir acompañando a todas horas de Dolph, su nuevo guardaespaldas.

Pero Dolph era un tío guay, y poco a poco se hicieron amigos. Le enseñó a pelear como toca en las muchas horas muertas en el piso alquilado. Y Rüdiguer consiguió convencerlo para que no entrara al aula con él, sumiéndolo en una vergüenza insoportable, y se quedara en las puertas de la facultad, cuando asistía a hacer algún examen.

Pero también lo acompañó en alguna que otra escapadita por el lado oscuro de la ciudad, que Dolph se conocía tan bien, y donde Fredrick no lo llevaría jamás. Él quería conocer todas las caras de la moneda.

Al curso siguiente, puesto que los negocios del condado, con la sidrería de Koppaberg a la cabeza, la comercialización del huerto urbano, y las inversiones en bolsa de las que se encargaba Eleonor, su abuela se sentía tan orgullosa de ver su pequeño reino emerger  de las profundidades que accedió a que se alquilaran un piso en Estocolmo para estar más cerca de la facultad durante todo el curso. Por supuesto tendrían que acompañarlos Mika y Sophie, que también estudiaban allí. A él la idea le encantó. Por fin un poco de libertad y vida casi normal.

Entre semana acudían a clases como alumnos normales, para que nadie supiera su identidad e intentara secuestrarlos. Dolph se quedaba en el piso, ya ni siquiera los acompañaba a la facultad para no delatar su posición social. Pero los fines de semana Fredrick acudía al piso para llevárselos de fiesta por el lado más glamouroso de todo Estocolmo.

Así, empezaron a codearse con Andrew, que era piloto y tenía una avioneta privada con la que los llevaba de vez en cuando a las islas cercanas, a las fiestas de algún famoso, y claro, los paparazzis estaban siempre alerta, por lo tanto fue cuestión de tiempo que apareciera en las revistas que Tess le compraba a su abuela todos los viernes, para enterarse de los cotilleos. Sin embargo su abuela se sentía orgullosa de que él saliera en las revistas, porque eso significaba que todo el mundo lo conocería y por lo tanto también a su condado.

Rüdiguer pensó que, si Andrew podía pilotar una avioneta, él también podría sacarse el carnet de piloto, y, ni corto ni perezoso se apuntó a clases de pilotaje, además de a la autoescuela, para sacarse de una vez el carnet de conducir que todos los jóvenes de su edad ya tenían, animando a sus primas a hacerlo también.

Como su abuela estaba de tan buen humor últimamente, uno de los fines de semana que no se quedaron en Estocolmo, porque no todo iban a ser fiestas, consiguió que accediera por fin a dejarle ir a España en verano, si conseguía sacar las mejores notas de su promoción.

Eso para él era pan comido, porque sólo con el proyecto de la cabaña del lago, que estaba siendo la tapadera perfecta para la explotación petrolífera que le llevaba su abuelo desde Bergen, ya tenía media faena hecha.

Sus primas terminaron sus exámenes de final de curso antes que él y volvieron al Castillo del Terror. Él ya tenía preparada la maleta para viajar a España durante una semana, que era suficiente para localizar a Jowy, pero aún tenía que hacer el último examen. Dolph solía quedarse en el piso, terminando de recoger.

Terminado el examen, con la sonrisa de oreja a oreja porque por fin podría cumplir su promesa y regresar a España para buscar a Jowy después de tanto tiempo, volvía en la bici de Mika, de camino al piso donde lo aguardaba Dolph con la comida preparada ya, cuando...


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ETHEL, El heredero.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora